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De Villa Isla del Río Negro a Yakarta: el origen del Diablito Echeverri, la joya chaqueña que River le primereó a Boca y que hoy vale 50 millones de dólares

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Cruzar una calle de tierra, ahí donde se chocan Los Azucenas y Basail, era todo lo que tenía que caminar Claudio Echeverri para encontrarse con un potrero. En el barrio Las Viviendas de la Villa Isla del Río Negro, en el norte de Resistencia, al lugar todos lo conocen como «la canchita de Mingo», apodo del papá del crack que le marcó un triplete a Brasil en los cuartos de final del Mundial Sub-17. En ese rectángulo desparejo, más marrón clarito que verde, Claudio se convirtió en el Diablito. «Siempre supimos que iba a llegar al fútbol grande por sus condiciones y por su cabeza», le cuenta a Clarín su primer entrenador, Luis Cuevas, el Pela.

Echeverri se crio en un humilde asentamiento de la capital chaqueña, a orillas del Río Negro. Un dato que cuentan los lugareños: el barrio solo tiene una calle asfaltada, la Avenida Sabin. El Diablito creció con una pelota en los pies, pasión heredada de su papá Domingo Claudio y de dos de sus hermanos, Diego y Jonathan. Potrero, escuela y club, así era la vida del niño Echeverri en Resistencia.

El club Deportivo Luján se estableció en 2006, año del nacimiento del Diablito. Walter Cantero, actual secretario de la Comisión Directiva, fue uno de los socios fundadores. «Tomamos la afiliación de Deportivo Real y le pusimos Luján por la Capilla de Luján que tenemos en el barrio», explica Cantero.

Tenía 6 años el Diablito la primera vez que se acercó a Luján. Se quedó hasta los 10, cuando River lo tentó. Pero hubo tiempo para que Echeverri deje su huella: en 2016, la Octava División le dio la primera -y hasta ahora única- estrella al naciente club. «Jugamos la final del año contra Sarmiento y le ganamos 3-1 con dos goles del Diablito, uno de tiro libre. El entrenador de Sarmiento cada vez que me ve se acuerda de lo que jugó Claudio esa tarde», rememora Cuevas.

Deportivo Luján fue creciendo a la par de Echeverri. En la actualidad, el club cuenta con una sede social sobre la Avenida Sabin y un predio de tres hectáreas donde hay una cancha de fútbol 7, una de fútbol 11 y otra de handball. «Con las inferiores podemos jugar en el predio, pero la Primera, que compite en la Liga Chaqueña, lo hace en alguna cancha prestada. Empezamos a hacer nuestro estadio, aunque lo tuvimos que frenar por falta de recursos», asegura Cantero.

Claudio Echeverri en su casa junto al Pela Cuevas.Claudio Echeverri en su casa junto al Pela Cuevas.La esperanza en Luján se llama Claudio Echeverri. Cuando River se llevó al Diablito, las autoridades del club firmaron un contrato para que ingrese un monto fijo de una futura venta. Con esa posible entrada de dinero se terminaría el predio, la cancha y bastante más. «El predio y la cancha llevarán el nombre del Diablito», sueñan.

Fue Luis Cuevas quien acercó a Echeverri a River. El entrenador de la 2006 de Luján se enteró por la radio de una prueba del elenco de Núñez en Resistencia y fue con su equipo. Daniel Brizuela y Claudio Otermín, los captadores del club millonario, quedaron deslumbrados al ver las gambetas del Diablito en el predio de San Diego. Rápido, se fueron a la casa de los padres para ficharlo.

El día posterior, una delegación de Boca también fue a realizar una prueba en San Diego. La 2006 de Deportivo Luján se presentó sin el Diablito.

El Diablito Echeverri y la foto de campeón en Deportivo Luján. El Diablito Echeverri y la foto de campeón en Deportivo Luján. ¿Dónde está el tal Echeverri?- le preguntaron los de Boca a Cuevas.

-Claudio ya está en River -respondió.

Los primeros días del Diablito en River no fueron fáciles hasta que se plantó: pidió que su mamá Rosa se vaya a vivir a Buenos Aires. Rápido, le consiguieron un departamento para que se instalara. Se dividió la familia, entonces: papá Mingo en Resistencia, mamá Rosa en Capital Federal.

La historia que sigue es la más conocida. El Diablito jugó hasta de arquero en el baby de River y fue creciendo a medida que pasaban los años. Hoy es uno de los juveniles con mayor proyección del mundo y los dirigentes del conjunto de Núñez pretenden renovarle el contrato que vence en diciembre de 2024 y llevar la cláusula de salida de 25 a 50 millones de euros. Pero todo empezó en Deportivo Luján, a orillas del Río Negro.

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