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Tienen menos de 18 años y estudian para guardavidas con un objetivo: irse del país

Mar del Plata es la meca de los guardavidas en la Argentina. Muchos jóvenes recibidos llegan a la ciudad balnearia para trabajar pero es mayor la demanda que la oferta. “Aquí se trabaja 150 días al año, es un buen número para este oficio y se está luchando para conseguir que sean seis meses al año. Trabajan unos 700 guardavidas en playas, piletas y clubes. Si bien hay posibilidades de laburo, tampoco hay para todos, por eso es frecuente que se mire al exterior”, describe el panorama Ramiro Piccoli (32), con 13 años de experiencia.

Ser guardavidas es, sobre todas las cosas, una salida laboral en Mar del Plata, apodada aquí como “capital del desempleo fuera de los meses de verano”. Por eso no llama la atención que, durante el verano, se multipliquen los programas para preadolescentes de entre 12 y 17 años. Lo que sí llama la atención es que desde tan chicos piensen en ir a trabajar al exterior.

“Entiendo que asombre a quien no es de Mar del Plata, pero en la cabeza de los guardavidas está el viajar al verano”, hace saber Piccoli, que ejerce en la playa Varese.

En acción. Los adolescentes empiezan a tener prácticas con los elementos de rescate e ingresan al mar. Foto; Marcelo Carroll

Lourdes tiene 14 años y luce agotada porque acaba de terminar la jornada de entrenamiento. A su lado, Tiziano (15), más enérgico, sacude la cabeza y se saca agua de los oídos, Mientras Ámbar (14) y Valentina (16) hablan de sus destacadas performances.

En una carpa, protegidos del sol, unos veinte adolescentes están entusiasmados y con excitación repasan sus hazañas en una nueva clase práctica. 

Se trata de la séptima edición de Guardavidas Juniors, una propuesta deportiva, educativa y recreativa del municipio de General Pueyrredón, destinada a preadolescentes y adolescentes.

Son distintos cursos mensuales, que cuestan $ 2.500, que se desarrollan de martes a viernes, en diferentes horarios y consisten en ocho encuentros de noventa minutos, dos veces por semana, durante enero y febrero.

“La verdad es que estamos sorprendidos porque la demanda viene creciendo año a año. En un solo día agotamos las 80 vacantes para los cuatro grupos de enero. Cada uno cuenta con 20 chicos. Pensamos en que podríamos sumar más integrantes, pero analizamos la situación y priorizamos la seguridad por sobre todas las cosas. Nosotros tenemos que estar atentos a ellos y creemos que veinte es un número límite manejable”, explica Lisandro López Melucci (35), guardavidas y entrenador.

Los guardavidas junior realizan un calentamiento previo antes de ponerse en acción. Foto: Marcelo Carroll

Durante las clases se brinda información básica sobre primeros auxilios, RCP, natación y participación de simulacros de salvamento “mediante dinámicas lúdico y recreativas, además de orientarlos hacia un perfil de guardavidas profesional a futuro… y al finalizar las ocho clases se entrega un diploma de participación”, describe López Melucci.

Y agrega que “la mayoría de los que vienen son marplatenses y casi todos ven estos cursos como el primer paso a una futura y no tan lejana salida laboral”.

¿Qué requisitos se necesitan para realizar el curso? “Saber nadar o tener conocimientos, y el apto médico“, responde Carla Pereyra, profesora de educación física, que también está al frente de esta iniciativa.

“Muchos chicos que nadan en pileta se encuentran con que nadar en el mar es otro mundo muy distinto y más complejo. Y aclaramos que el mar no es para todos, que cada uno tiene su tiempo de maduración”.

Luciana (17) respira hondo, elonga y busca desacelerarse. “Este es el tercer año que hago el curso. La verdad es que me gusta mucho y siento que he aprendido nociones básicas para resolver en caso de que pase algo en la playa”, dice y añade que se siente capacitada para hacer un masaje de RCP.

Entusiasmo y adrenalina se viven durante la hora y media que dura la clase. Foto: Marcelo Carroll

“El objetivo es saber defendernos adentro y afuera del agua. Es muy importante disponer de herramientas para tener que salir a flote en caso de que estés en medio de un problema”, comenta Evangelina (16).

Bautista (15) es menudito y está un poco frustrado, no tan exultante como sus compañeros. Salió del agua cansado, un poco nervioso porque tragó agua y tuvo un acceso de tos.

“Quise mejorar mi tiempo y en el apuro me agarró una ola y no pude cerrar la boca a tiempo”, cuenta, pero ya está recuperado, gracias a la contención de Carla, la profesora. Ángel (16), que parece mayor, le palmea el hombro y lo alienta. “Todos tragamos agua, es cuestión de práctica”. 

“Mi papá me mandó a que lo hiciera, porque a mi hermano le había resultado útil y pudo conseguir un trabajo en una pileta pública”, comparte Agustín (16). “A mí me gusta, creo que este tipo de aprendizaje no se olvida más, Quisiera volver a hacerlo el año que viene y cuando tenga 18 años poder hacer el curso profesional, que dura un año y te da un título terciario”, comenta León (15).

“Queremos tener la mayoría de edad para hacer el curso profesional y poder ir a trabajar al exterior”, es el pensamiento unánime de todo el grupo. Foto: Marcelo Carroll

Las clases comienzan a las 9.30, en la orilla del mar, con los jóvenes en ronda, llevando a cabo un calentamiento previo que incluye trote y piques, para empalmar con series de flexiones, abdominales y elongación. Acto seguido es la hora de zambullirse en el mar con roscas y torpedos, para un simulacro. Deben adentrarse unos 50 metros y 100 metros hacia un costado. Hay postas humanas que son aspirantes a guardavidas, mayores de edad, que están adentro del mar y sirven como faros.

La última media hora está dedicada a la teoría. López Melucci, el conductor del grupo los sienta en ronda y empieza con una serie de preguntas: ¿Qué son los primeros auxilios? ¿Qué es una hemorragia? ¿Cuándo llamar al 107 de emergencias? ¿Qué hacer ante un corte? Al principio hay timidez en los adolescentes, pero basta con que uno tome la iniciativa para generar un intercambio de opiniones, siempre la guía del guardavidas.

“Acá los chicos no son profesionales, pero están en condiciones de hacer RCP. Ante cuestiones legales presentan la misma responsabilidad que cualquier persona no profesional. Lo esencial de estos cursos es que cuenten con recursos básicos ante un imponderable. Estos guardavidas junior son llamados reanimadores lego, personas no profesionales que pueden comprender con cierta facilidad lo que está sucediendo y aplicar la información aprendida”, detalla López Melucci.

Al finalizar el curso, Clarín aprovechó que estaban todos los jovencitos reunidos y lanzó una pregunta, a priori, simple: ¿Por qué quieren ser guardavidas? Los veinte respondieron lo mismo ante la sorpresa de este cronista: “Para poder tener trabajar y poder vivir afuera”.

“Yo ya tengo definido. Cuando tenga 19 me iré a Valencia, allí hay trabajo y pagan en euros”, se adelanta Tiziano. “Obvio, afuera hay otra vida, acá no es sencillo conseguir trabajo”, avisa Camila (14). Lorena (16) está en sintonía. “Yo quiero ir a México, allí tenés todo el año temporada”.

“La parte práctica es tan importante como la teórica”, dice quien imparte las clases, el guardavidas Lisandro López Melucci. Foto: Marcelo Carroll

“Con un año de formación tenés un título terciario y una salida laboral”, reflexiona con madurez Emanuel (16), y cuenta con lujo de detalles: “El tema es que el trabajo como guardavidas no es fácil de conseguir en Mar del Plata, pero por lo que vivieron mis padres, ellos tuvieron mucho trabajo en Europa, Australia y Estados Unidos”, destinos en los que se puede ganar 1.800 y 2.000 dólares por mes.

“En el mundo se sabe que el guardavidas de Mar del Plata (cuyo sueldo promedio es de 250.000 pesos) es muy requerido y si se le cierran las puertas aquí, se les abren afuera”, remarca el chico.

De familia de guardavidas, Piccoli se formó de adolescente, realizando los programas iniciales para adolescentes hasta realizar el curso profesional. “A diferencia de otros destinos, donde los cursos duran tres meses como en España, acá en la Argentina hay otra preparación, por eso nuestros guardavidas son tan solicitados no sólo para las playas, sino para piletas públicas, clubes, o destinos con lagos y ríos”,

Sobre la decisión de los adolescentes de querer irse antes de los 20 años, Piccoli no duda: “Cuanto más crisis de desempleo, esta tendencia irá en aumento. Pero a los 15, 16 años los chicos que hacen los cursos iniciales ya van reseteando su cabeza y tienen los primeros objetivos más que claros: recibirse y conseguir trabajo donde sea”.

Mar del Plata. Enviado especial

GL – EMJ

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