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Dos emblemáticas obras constituyen lo más vanguardista y arriesgado de esta temporada del Colón

Anoche fue la primera función de Los siete pecados capitales de Kurt Weill sobre texto de Bertolt Brecht y la ópera El castillo de Barbazul de Béla Bartók. Ambas con dirección de escena de Sophie Hunter.

Dos títulos estrenados hace más o menos un siglo, de estéticas casi opuestas pero unidos por algunos rasgos comunes y no muy distantes en tiempo y espacio, conforman el nuevo doble programa que ofrece desde el martes pasado la temporada lírica del Teatro Colón.

Por un lado, el ballet cantado Los siete pecados capitales de Kurt Weill sobre texto de Bertolt Brecht (1933), y por otro la ópera El castillo de Barbazul de Béla Bartók, con libreto de Béla Bálasz (1918). Ambas con dirección de escena de Sophie Hunter.

Los siete pecados capitales

Los siete pecados capitales. Fotos gentileza Maximo Parpagnoli

Última colaboración de una de las duplas creativas más trascendentes de la historia del género, Los siete pecados capitales cuenta el derrotero de Anna (personaje desdoblado en una cantante y una actriz) a través de siete ciudades de Estados Unidos, y en la búsqueda de la prosperidad económica que le permita un hogar para ella y su familia en su lugar, Louisiana.

En cada una de esas ciudades, “las Annas” se enfrentarán a un pecado distinto, en episodios que serán comentados por los cuatro miembros de la familia, a modo de coro griego.

La producción, a cargo de un equipo diferente del anunciado en su momento, lleva la firma de Sophie Hunter, directora y actriz británica de trayectoria en teatro y cine, y cuyo contacto con la ópera se ha dado hasta el momento más en el terreno experimental y en espacios no convencionales que en los teatros oficiales.

Los siete pecados capitales. Fotos gentileza Arnaldo Colombaroli

Su concepto de la obra de Weill no se aparta de su condición de ballet cantado: la lograda coreografía de Ann Yee ocupa el primer plano, sobre una escenografía que, con pocos elementos y complementada a la perfección por el video, el vestuario y la iluminación, otorga dinamismo (gran trabajo del equipo integrado por Samuel Wyer, Nina Dunn y Jack Knowles).

La mezzosoprano Stephanie Wake-Edwards cumple a la perfección con su papel de Anna, y forma una dupla deliciosa con su doble coreográfico, la exquisita Hanna Rudd.

Como los parientes de la protagonista, Dominic Sedgwick, Adam Gilbert, Egor Zhuravskii y Blaise Malaba integran un ensamble perfectamente compacto y de muy buen rendimiento vocal.

El castillo de Barbazul

El castillo de Barbazul. Fotos gentileza Arnaldo Colombaroli

El castillo de Barbazul, la única ópera de Bartók, es una potente fábula con un texto de corte simbolista. El autor del libreto, Béla Bálasz, no fue ajeno a la influencia de la versión que Maurice Maeterlinck escribió sobre el cuento de Charles Perrault, y que sirvió de base a la ópera Ariane et Barbe-Bleue de Paul Dukas, estrenada en París en 1907).

También tiene una partitura extremadamente potente, de gestos expresionistas y una orquestación que contrasta con la sobriedad de la escena. O mejor dicho, que vuelca en la música todo aquello que la escena no muestra.

La apuesta de Hunter se centró en un planteo de casi total estatismo para los personajes, y apostó por volcar el drama en el interior de una esfera gigantesca proyectada en video y suspendida sobre sus cabezas.

El castillo de Barbazul. Fotos gentileza Arnaldo Colombaroli.

Podría interpretarse que esta caja de Pandora -nuevamente un trabajo bellísimo de la videasta Nina Dunn- funciona como un caleidoscopio interior y exterior, destinado a mostrar tanto lo que el personaje de Judith va descubriendo detrás de cada una de las siete puertas (que en esta versión son siete escotillas ubicadas sobre una plataforma circular) como lo que esos descubrimientos van despertando en su interior.

El barítono húngaro Károly Szemerédy y la mezzosoprano israelí Rinat Shaham fueron intérpretes de lujo que lograron sostener la tensión con la sola fuerza de su canto, a pesar de que, inmersos en una escenografía completamente abierta, no tuvieron el balance ideal.

El experimentado director inglés Jan Latham-Koenig, nuevo director musical del Teatro, llevó adelante ambas partituras con mano segura al frente de la Orquesta Estable, aunque por momentos en el caso de Bartók la sonoridad resultó excesiva (fue especialmente llamativo el volumen del órgano).

En síntesis: una conjunción de versiones logradas para dos obras ya clásicas de las primeras décadas del siglo XX y emblemáticas de la diversidad de estilos que caracterizó este periodo. Obras que, paradójica e irrisoriamente, dentro de la ultraconservadora temporada lírica diseñada por la gestión anterior constituyen lo más vanguardista y arriesgado del año.

Ficha

Los siete pecados capitales, ballet cantado de Kurt Weill / El castillo de Barbazul, ópera de Béla Bartók

Calificación: bueno

Dirección musical: Jan Latham-Koenig

Dirección de escena: Sophie Hunter

Sala: Teatro Colón, martes 27 de septiembre. Repite el 28 y 30 de septiembre y el domingo 2 de octubre.

MFB

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