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La sorpresa de dos de las provincias con mejores tasas de vacunación contra el Covid

El tema incomoda. Se corre el riesgo de estigmatizar sin intención. Pero sorprende que entre las provincias con mayor porcentaje de vacunación contra el Covid estén dos de las que tienen mayor incidencia de pobreza. Formosa y Santiago del Estero.

La primera, territorio “del” polémico Gildo Insfrán, quien gobierna Formosa hace más de 26 años, casi alcanza al territorio porteño en administración de refuerzos y terceras dosis, con casi el 54% de cobertura.

En cuanto a Santiago del Estero, pelea cabeza a cabeza con CABA los laureles de las primeras dosis. Al cierre de esta nota estaba por debajo de la Ciudad, pero con más del 98% de adherencia. Y en segundas dosis no se queda muy atrás: casi el 89% de cobertura (en CABA es el 91%).

Si las cifras de estas provincias sorprenden es por un hecho dramático, que debería ser un yunque diario en los hombros de las autoridades.

En la pandemia, las poblaciones más vulnerables tendieron a vacunarse menos que las que no lo eran. Pero no es exclusiva ni principalmente por las limitaciones que fuerza su condición socioeconómica, sino porque tienden a estar compuestas por personas más jóvenes. Y los jóvenes, se sabe, mostraron menor percepción del riesgo de contraer Covid.

Ahora bien, ¿por qué las poblaciones pobres son más jóvenes? Porque su expectativa de vida es menor.

Todo esto está planteado en el informe difundido en diciembre pasado “Comportamientos y creencias en torno a la vacunación y miedo al contagio de Covid-19 en la población urbana”, realizado por un grupo de investigadoras del Observatorio de la Deuda Social de la UCA (ODSA), liderado por la doctora en Psicología Solange Rodríguez Espínola.

Aceptadas esas premisas, emerge de nuevo la pregunta: ¿Qué explica que dos provincias con alta incidencia de pobreza como Formosa y Santiago del Estero tengan cifras tan alentadoras de vacunación contra el coronavirus?

Historias mínimas

Según el informe del ODSA, el nivel de vacunación contra el Covid-19 difería “según la vulnerabilidad socio-ocupacional de los hogares”. Más de la mitad de quienes pertenecen al estrato medio profesional obtuvieron dos dosis, “mientras que tres de cada diez del estrato bajo marginal lograron esa condición”. 

La ministra de Salud, Carla Vizzotti, en Formosa, en plena campaña de vacunación adolescente contra el Covid.

La tendencia no se confirma en Formosa y Santiago del Estero, dos provincias con cifras de pobreza  alarmantes: entre el 47,4% y el 50,2%, según el último informe del INDEC, correspondiente al primer semestre de 2021. Ambas están bien por encima de la media nacional del 40% de pobreza.

Clarín habló de estas cuestiones con Agustín Salvia, investigador Principal del Conicet y doctor en Ciencias Sociales que dirige el ODSA.

En un principio, Salvia acordó en lo llamativo de las cifras de vacunación planteadas. Sin embargo, rápidamente dio con una hipótesis: “Son provincias vigiladas. Y sus gobernadores, muy sensibles”.

No sorprende, si se traen a la memoria los días de la cuarentena estricta, que, para decirlo de un modo amable, al menos en Formosa fue “estrictísima”.

Pero Salvia se refirió a los grises; ese delicado equilibrio entre la responsabilidad de garantizar la salud de la población y la mucho más discutible necesidad política.

“En Formosa no estoy tan al tanto, pero en Santiago del Estero me consta que la política sanitaria y la actividad del Ministerio de Salud para llegar a la población fue muy importante. A la vez, la neurosis o, más bien, la preocupación desde el sistema sanitario para llegar a los más pobres quizás se haya fundado en cierto temor de tener un brote y quedar en las primeras planas. La preocupación por no protagonizar el tsunami”.

Según Salvia, “algunas de las medidas más rígidas a lo largo de la pandemia parecieron racionales, dada la situación, pero después mostraron no haber sido necesariamente útiles porque la enfermad al final llegó. Pero fue muy útil toda la política de vacunación, en términos de prevención”.

Mapa nacional

Es cierto que Formosa y Santiago del Estero tienen poblaciones chicas. Entre medio y un millón de personas. Sin embargo, ¿por qué provincias en ese sentido comparables (como Corrientes o Misiones) u otras con poblaciones más grandes pero muchos más recursos económicos no tuvieron -hasta ahora- el mismo éxito en la campaña de vacunación?

“La noche de las vacunas” fue una estrategia en este caso bonaerense para impulsar la vacunación. Foto: Gabriel Bulacio

Andrea Uboldi, pediatra especializada en infectología, ex ministra de Salud de Santa Fe y actual miembro del núcleo “madre” de la Comisión Nacional de Inmunizaciones (Conain), planteó un minucioso análisis de la cuestión.

Pueden resumirse en dos claves: 1) analizar las poblaciones específicas a vacunar (hay distintas estrategias, según la necesidad), y 2) aceptar las observaciones de auditores o veedores de otras provincias con mayor éxito en materia de vacunas, del propio Gobierno o de organismos como la OPS, ahí donde la vacunación anda “floja” (el caso de Misiones). 

De todos modos, apuntó a otras cuestiones importantes. Una es que “ver la prevalencia de infectados en cada región. Donde hubo menos casos de Covid, es lógico que se haya podido vacunar más. Donde las olas pegaron más fuerte, la vacunación se demora porque la gente tiene que esperar tres meses”.

En segundo lugar, considerar que “donde hay gobiernos nuevos, cuya gestión acaba de cambiar, con nuevo personal, por ejemplo, la estructura del programa de vacunas puede estar mucho más debilitada”.

Lo tercero es “ver la densidad de la población. Las más difíciles de abordar son la provincia de Buenos Aires, CABA, Córdoba y Santa Fe, no solo porque ir puerta a puerta a vacunar involucra toda una logística para garantizar la seguridad del personal, sino porque se trabaja con poblaciones más difíciles de abordar”.

¿En qué sentido? Según la experta, “la clase media y media alta son las que te discuten más. Tienen más información”.

Visitas

Además de la opción de ir “casa por casa” (en zonas donde sea posible hacerlo), Uboldi explicó que no es lo mismo “la vacunación ‘institucional’ o ‘permanente’, que es la oferta en un vacunatorio o centro de salud”, que montar dispositivos puntuales, itinerantes, quizás, “para abordar poblaciones específicas”

En el primer caso está “la ventaja de la concentración de los recursos, el menor costo de transporte, la posibilidad de supervisar la estrategia, la más simple conservación de la cadena de frío… pero eso se puede hacer hasta cierto momento”.

“El 20% o 30% final, ese tramo último para cubrir a toda la población, es el más difícil y ahí hay que pensar en otro tipo de estrategias: ver dónde circulan esas personas y salir a buscarlas. Es caro y difícil. Requiere pagar horas extras, contar con logística de transporte, montar dispositivos en plazas, de noche, garantizar la cadena de frío”, enumeró.

“Con Formosa tengo mis dudas, es decir, si ha implementado alguna cuestión punitoria, sobre todo vinculada a los empleados públicos, con la implementación de un pase sanitario, como hizo Tucumán en cierto momento. Sin dudas, esas decisiones pueden traccionar mejor la cobertura”, dijo.

Para muchos, el límite entre la persuasión y la imposición es por lo menos delicado. Por eso Uboldi habló de dos requerimientos: “Gran decisión política”, por un lado, “y asumir el costo”, por otro. Porque, “es mucho más difícil todo esto que esperar sentados a que la gente venga a vacunarse”.

PS

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