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Racing: de aquel “hincha de la hinchada” a insultar al equipo en la primera fecha

Terminaba uno de los tantos clásicos de la década del noventa. Racing caía 2 a 0 ante Independiente, pero en las tribunas no parecía tener rasgos de perdedor. Los fanáticos revoleaban las remeras en forma de hélices, cantando por la Academia, como si estuvieran ajenos a una derrota dolorosa.

Eran los hinchas de la hinchada, reconocidos y hasta admirados por los simpatizantes de otros clubes. ¿Cómo podía haber tanto fervor, si el primer grande, el único heptacampeón, el que había conquistado el mundo con el legendario gol del Chango Cárdenas, vivía de recuerdos? Pasión inexplicable, rezaba la bandera. Y el legado del sufrimiento generación a generación, pero siempre a tu lado, “Racing, Racing querido”.

Los 35 años sin títulos locales quedaron atrás en el inolvidable 2001 con Mostaza Merlo como Mesías. En diciembre se cumplieron dos décadas. La quiebra, reflejo de la debacle institucional, con la gente encadenada para que no remataran el club, también resultó disuelta en el pasado oscuro. Y a partir de 2014, Racing empezó a elevar la vara.

Diego Cocca patentó la iniciativa de un grupo de hinchas que lanzaron el eslogan “Racing Positivo”. Sí, después de tantos años de renegar, de asociar el celeste y blanco al matiz de la mala suerte, el club recuperaba la robustez de sus tiempos de gloria. Y le discutía al vecino rojo y a San Lorenzo un lugar en ese podio que, le pese a quien le pese, dominan River y Boca. Llegaron los títulos, la fortaleza en Mozart y Corbatta, las buenas noticias deportivas. Se fue el Chacho Coudet, llegó Sebastián Beccacece, el equipo se mantuvo competitivo, pero renunció Diego Milito y, mal que le pese a los dirigentes, una gran parte de los hinchas, especialmente los jóvenes, encendieron su enojo con el presidente Víctor Blanco, que empezó a sufrir el síndrome de “la pelotita no entra”. El campeonato económico no suma estrella.

Saja y Milito, los dos referentes del Racing campeón 2014 que empezó a torcer la historia.

La pregunta que todos se hacen ahora, después de tantos éxitos, es qué pasó con Racing en el último año, especialmente. Y por qué el primer partido del campeonato estalló en silbidos. La respuesta es sencilla: los hinchas dejaron el narcisismo de los colores con la pretensión de un buen equipo. El amor, el sentido de pertenencia, el acompañamiento en las buenas y en las malas, no se perdió. Pero la gente se acostumbró a ganar.

Entonces, no es sorprendente el repudio después de un empate ante Gimnasia que mostró más de lo mismo, la continuidad de un ciclo de Fernando Gago que nació mal, en la urgencia por terminar con el largo y desacertado interinato de Claudio Ubeda.

Hay una olla a presión. Desde Juan Antonio Pizzi, un técnico que llegó con chapa pero muy pronto perdió una final heredada de la pandemia: 5 a 0 con River en Santiago Del Estero, por la Supercopa Argentina. A partir de ese momento, hace casi un año, su tránsito en el club se hizo pesado. Los dirigentes nunca lo quisieron y lo sostuvieron para evitar una doble indemnización. El clima interno se hizo insoportable. La derrota en otra final, la Copa de la Liga, otra goleada, esta vez ante Colón (3 a 0), lo puso en la mira. La decisión de un despedido cantado se dilató y terminó explotando después de perder el derby de Avellaneda en el Libertadores de América. Iban cinco fechas.

Por ahora, Gago en Racing es pura pinta. Foto: Reuters.

Gago llegó sin ningún mérito desde Aldosivi. No es un partido, ante Gimnasia, el que provocó los chiflidos. Son 9 fechas de un entrenador sin experiencia que sumó 33 de 105 puntos en su joven carrera, un porcentaje de efectividad que apenas supera el 30% y que lo pone en una encrucijada: terminar dirigiendo la Selección o como Lucas Bernardi y Ezequiel Carboni, técnicos que giraron por distintos clubes hasta que terminaron como manager o dirigiendo en la Reserva del Catania. Racing pareció contratar al mediocampista de Boca, el Real Madrid y Argentina; eligió a un entrenador que venía de derrapar en Aldosivi. Tendrá un desafío internacional: la Copa Sudamericana, a la que se clasificó en gran parte por los puntos cosechados durante el ciclo de Pizzi. Sí, tampoco le dio el cuero para la Libertadores.

La reprobación del domingo tiene un sustento. No es antojadizo. Racing no quiere volver a los 90. Y lo que se ve en la cancha desde hace un año empuja sus hinchas a los peores rincones de su memoria.

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