25.5 C
Buenos Aires
HomeEconomíaIncendios en Corrientes: el drama de una familia de productores que se...

Incendios en Corrientes: el drama de una familia de productores que se quedó sin comida para sus animales

“Ya han pasado diez días del fuego, todo es amarillo y negro, los espinillos quemados empiezan a perder las hojas. Algunos pájaros han vuelto, toman agua en los bebederos y deambulan sin sentido… ya no existen sus nidos. Perdices no he visto. ¿Habrán muerto todas? Los loros gritan más que antes. Los carpinchos parecen grupos de refugiados, caminan en hileras sin rumbo, no hay donde bañarse ni pajonal para esconderse”.

No es un párrafo de Pedro Páramo ni el extracto de una película apocalíptica, es la triste elegía de una productora correntina a su campo quemado. Se trata de Marta Silvera, una de las miles de personas afectadas por los incendios que vienen ocurriendo en la provincia de Corrientes, donde aun hay siete focos activos y se estima una superficie afectada de más de 500.000 hectáreas.

“Los caballos van y vienen por el campo quemado, toda la manada busca el agua fresca del bebedero. Les compramos alfalfa, no sé hasta cuándo aguantaremos si no llueve”, dice. Los Silvera son criadores de bovinos, ovejas y caballos en 1.700 hectáreas de pasto natural en la localidad de Curuzú Cuatiá, en el sur de Corrientes. Según explica Marta en diálogo con Clarín Rural, el fuego que azotó su campo se inició en la orilla de un arroyo y llegó un día de viento del sudeste a las diez de la mañana. “No sabemos si lo inició algún vecino o si fueron cazadores o pescadores, que siempre hay, que hicieron un asado y quedó alguna braza prendida. El fuego agarró a nuestro campo en diagonal desde el arroyo hasta la calle. De las 1.700 hectáreas se quemaron unas 1.400. Perdimos mucho monte limpio de espinillo, alambrados (se quemaron unos 1.000 metros del perimetral y otros 2.000 metros de potreros internos), mucho pasto…”, describe.

La quema de pastizales se suele hacer en agosto para que las especies rebroten en primavera.

El pasto es lo que más le duele, porque en su zona es el recurso clave, el que les da de comer, y ahora no saben hasta cuándo tendrán que esperar para verlo crecer de nuevo. “Es campo natural pero se hace un pastoreo racional cuidando las proporciones y cuidando que el pasto semille. El fuego nos partió al medio porque nos dejó sin pasto”, dice.

Animales no murieron porque el marido de Marta llegó a abrirles los alambrados antes de que llegaran las llamas para que disparen hasta donde se sintieran a salvo. “El problema es qué hacemos ahora con los animales. Hemos comprado un equipo de fardos de alfalfa, un equipo de pasto rollo, la inversión es grande y calculamos que nos puede durar dos meses. Todo eso se termina… ¿y si no llueve?”, se pregunta Silvera.

Uno de los Silvera analiza los daños provocados por el fuego en el campo todavía humeante.

Mientras tanto, para alivianar la carga empezaron a achicar los rodeos. “Ya hemos vendido a las vacas más grandes porque no tienen qué comer. En los tajamares hay mucho barro y las vacas se empantanan, y aunque uno las rescate después quedan lastimadas y hay que matarlas”, explica. Se quedaron solo con las terneras recriadas, a las que hay que darles granos y pasto.

De las ovejas también tendrán que vender anticipadamente la mayoría, y de la tropilla de caballos se quedaron solo con los que ya son de montar, a los potros los vendieron. “No es solo la parte económica, la parte sentimental también se ve afectada, eso es lo que nos ha destrozado. Tenemos un vínculo con nuestros animales que va más allá de la plata”, dice la productora.

Los animales se salvaron porque les abrieron los alambrados a tiempo.

En medio del desastre, los Silvera, como muchos otros productores, sienten que desde la sociedad, los medios y el poder político a veces se echa más leña al fuego con acusaciones inoportunas. “Estamos desilusionados con lo que dijo el Ministro (Juan) Cabandié de que los productores mismos somos quienes estamos quemando nuestros campos”, dice.

En efecto, según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, dependiente del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, cuyo titular es Cabandié, el 95 por ciento de los incendios son producidos por intervenciones humanas. “Entre las primeras causas se encuentra el uso del fuego para la preparación de áreas de pastoreo. Otras causas que prevalecen son el abandono de tierras, las fogatas y las colillas de cigarrillos mal apagadas”, indica el servicio en un informe reciente.

Pero Silvera explica que para realizar las quemas de pastizales los productores son aconsejados por el INTA, y que esa práctica en su región siempre se lleva a cabo a fines de agosto para que los pastos reverdezcan en la primavera y que el campo no esté demasiado empastado y ofrezca pastos tiernos para los animales. “Pero en esta época del año a ningún productor se le ocurre prender el fuego. Es más, nosotros desde la última lluvia grande, que fue allá en octubre, no prendimos más el fogón ni la cocina a leña, para evitar el riesgo. El productor se cuida del fuego, el problema es que a veces pasa alguno y ve una banquina con pasto alto por falta de mantenimiento, y le tira un fosforito que termina quemándote todo el campo”, dice.

Y para cerrar, la productora comenta una duda que se respira entre muchos correntinos respecto al origen real de los incendios. “Corrientes venía con mucha industrialización, mucha forestación, aserraderos, una usina que trabaja con los deshechos de los aserraderos… (Gustavo) Valdés venía muy bien posicionado y a muchos nos surge un signo de pregunta cuando vemos la cantidad de incendios que está habiendo”, lanza.

Mientras tanto, en Concepción, Curuzú Cuatiá, San Miguel, Ituzaingó, Santo Tomé, Loreto y Bella Vista las llamas siguen avanzando.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Mas noticias
NOTICIAS RELACIONADAS