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La Cámpora, de lejos: ingresó a la Plaza de Mayo cuando el Presidente terminó su discurso y ya se había ido

Recién cuando la plaza ya llevaba un buen rato de desconcentración, la columna principal de La Cámpora empezó a dar vuelta por Diagonal Norte y encaró hacia Avenida de Mayo para comenzar la retirada.

Con Máximo Kirchner y algunos de los principales dirigentes de la organización a la cabeza -Andrés Larroque, Mariano Recalde, Mayra Mendoza, Luana Volnovich, Anabel Fernández Sagasti y Fernanda Raverta-, desde el camporismo explicaron que si las banderas del movimiento no estuvieron más cerca del escenario fue por cuestiones de logística, en una Plaza de Mayo colmada en sus inmediaciones y cuya estimación por parte de los organizadores rondaba en la previa los 100 mil asistentes.

Lo cierto es que, por política o por logística, La Cámpora estuvo lejos. Entre el Obelisco y la Plaza. Recién llegó a la Plaza de Mayo cuando el Presidente ya había terminado su discurso y ya había regresado a la Casa Rosada.

Máximo Kirchner llegó a la Plaza de Mayo con La Cámpora.

También es cierto que, varias semanas atrás, en el momento de mayor ebullición interna, no hubiera ni aparecido. Pero nunca pudo o quiso llegar más cerca a pesar de que marchaban por la diagonal casi una hora antes de que empezara el discurso del Presidente.

El ministro Eduardo “Wado” de Pedro, que participó de esa caminata, llegó con el acto empezado al apartado para los dirigentes, sindicalistas, legisladores y ministros. Le costó sortear la multitud. El jefe del bloque del FdT en Diputados prefirió quedarse en un segundo plano. 

El Movimiento Evita, por el contrario, fue mucho más previsor: la organización liderada por Emilio Pérsico se acomodó bien cerca del escenario. incluso cuando un par de horas antes de que hablara Alberto Fernández se apilaran todas las sillas de plástico que habían sido dispuestas para los funcionarios y dirigentes del PJ, y se habilitara ese corralito especialmente armado para estar en primer plano -según trascendió, fue un pedido del jefe de Estado para “tener cerca a la miltancia”-, los militantes del Evita quedaron frente a las narices de Fernández.

Mientras el Presidente promediaba su discurso le dedicaron un cántico que en los últimos años había estado reservado solo para Cristina Kirchner: “Alberto, Alberto, Alberto corazón, acá tenes los pibes para la liberación”.

Pérsico, que, como casi todos los asistentes de primera línea se desconcentró por Casa Rosada una vez terminado el acto, resaltó ante Clarín que solo ellos habían movilizado “65 mil compañeros”.

También el Movimiento de Unidad Popular (MUP) -Cecilia Gómez Mirada, su secretaria Política, del Grupo Callao, iba y venía en por la zona exclusiva para los funcionarios- quedó frente al escenario. Lo mismo que Camioneros, que hizo su entrada triunfal, y con notable vehemencia, al corralito dispuesto al principio para la dirigencia política con paraguas, bombos y trompetas y una bandera enorme con la cara de Pablo Moyano.

“Camioneros es así, siempre adelante”, se regodeaba uno de los delegados del sindicato que, según subrayó, convocó este miércoles a unos 8 mil trabajadores solo de la Ciudad, más otro par de miles del Gran Buenos Aires.

A los costados del escenario, y en medio de la plaza, sobresalían banderas de La Matanza, de Ezeiza, José C. Paz y de San Martín, entre otros distritos. y del sindicato de La Bancaria. Los intendentes y La Cámpora debían llegar por Diagonal Norte, los sindicatos por Diagonal Sur y los movimientos sociales por Avenida de Mayo, un cronograma que fue respetado.

Por las dudas, detrás de Casa Rosada esperaban un buen número de camiones hidrantes y camionetas de Gendarmería, en un despliegue descomunal de las fuerzas de seguridad que se sumó al de Casa Militar. Según explicaron, se previó tamaño operativo por si aparecían rencillas entre las distintas organizaciones.

Es que por la pandemia y por las diferencias internas que ahora busca zanjar el Frente de Todos, y que Fernández busca capitalizar como la plataforma de la “nueva etapa” de Gobierno, la de este miércoles fue la primera movilización en casi dos años con todas las facciones de la coalición juntas. 

La semana pasada, por caso, ni La Cámpora ni Camioneros, por citar dos ejemplos, tenían previsto mover a las bases para el acto del Día de la Militancia originalmente convocado por la CGT y los movimientos sociales para blindar al Presidente. El camporismo tenía pautado armar su propio evento el próximo sábado. Quedó en stand by, para darle otra oportunidad a la unidad. 

La renovación de la cúpula de la CGT, con Pablo Moyano como una de las tres patas del triunvirato junto a Héctor Daer y Carlos Acuña, y la remontada bonaerense a la que el FdT se aferró para maquillar la derrota, ayudaron a aplacar la tensión interna y a barrer bajo la alfombra las diferencias, al menos por estas horas.

La “nueva etapa” que el Gobierno pretende inaugurar incluyó, en tanto,la vuelta de Juan Pablo Biondi, el ex secretario de Comunicación de extrema confianza de Fernández que tuvo que renunciar tras la carta pública en la que Cristina Kirchner lo acusó de “operador”. Biondi daba indicaciones debajo del escenario. Sigue bien cerca del jefe de Estado: es parte, aseguran, de su “mesa chica política”. 

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