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Sobrevivieron a la Shoá y un taller literario los ayudó a contar su historia

Veinticinco mujeres y hombres, que hoy tienen entre 81 y 96 años hicieron memoria y pusieron por escrito retazos de sus vidas. El resultado quedó condensado en el libro Voces con historia, volumen III, una antología del Taller de escritura del programa Ayuda a los Sobrevivientes de la Shoá, de Fundación Tzedaká.

El taller, que es coordinado por la profesora Komerovsky junto a las voluntarias Luchy Tauscher y Roxana Dublisky, funcionó desde 2004 de manera presencial y continuó de manera virtual durante la pandemia. Esto fue posible gracias a que la Fundación entregó a cada participante dispositivos electrónicos y la presencialidad fue reemplazada por encuentros virtuales.

La diseñadora Yael Rosenfeld enlazó relatos de los sobrevivientes con fotos que para cada uno de ellos tenían un gran valor artístico y testimonial, con curaduría de Liliana Kuropatwa.

El libro se presenta este miércoles 10 de noviembre a las 14 hs. en el Templo de la Comunidad NCI – Emanu El, Arribeños 1308, CABA. En el evento hablará la escritora Silvia Plager.

Los autores revelan en el volumen publicado sus sueños, deseos, miedos, miserias y esperanzas de sus vidas marcadas por la guerra. Pudieron a través de la palabra escrita liberar su propia voz, que había estado callada durante décadas. Y esa voz surge diáfana, sanadora, en ocasiones no exenta de ironía o humor.

Quisieron deshumanizarlos al punto de convertirlos en números, pero la risa les brota fácil. La escritura implica para ellos un trabajo de ardua exploración interior, a través de imágenes que a veces balbucean y otras gritan lo que han vivido, explorando diversos géneros.

Descubrieron que la escritura es instrumento y alquimia: aunque sus historias de vida transcurren en el pasado, el presente lo vuelve real. Los recuerdos de infancia estallan en el cruce con la guerra, los días del gueto, en los campos de concentración, en las casas que les dieron refugio; renacen evocando la liberación; sonríen rememorando las dificultades de los primeros tiempos.

Escribir es, para ellos, un camino que implica recordar, corregir, revivir, transmitir, legar memoria.

Últimos testigos directos de una etapa de la que quedan todavía cosas por contar, perseguidos y discriminados por su condición de judíos, algunos estuvieron en campos de concentración, otros sobrevivieron como niños escondidos, o huyendo de lugar en lugar para escapar del horror. Entraron de manera ilegal a la Argentina, cuando regía la nefasta Circular 11 que prohibía el ingreso de “indeseables”, emitida en 1938 por el canciller José M. Cantilo.

Así escriben

“Emigrar e inmigrar”, de Josette Laznowski

Josette y su hermana Adela, con una amiguita, en una escala en Dakar del “Florida”, barco que las trajo a Buenos Aires en septiembre de 1951.

​”Mi hermana Adela y yo nos sentíamos desarraigadas. Cuando íbamos de un familiar no nos entendíamos, nos sentíamos como los diferentes porque nos presentaban a la gente de una manera que no podíamos aceptar: “Gueratevet” —decían en idish—. ¡Los salvados!”. Sentía que no pertenecía a ese grupo de gente y no soportaba que me presentaran de ese modo; me daba la sensación de que era exhibida como un fenómeno de circo.

Para poder viajar habíamos grabado en nuestras cabezas cosas inverosímiles, para saber cómo bajar de un tranvía y poder volver a casa, entre otras tantas cosas. Claro que tampoco faltaron los momentos graciosos en todo ese proceso de adaptación… Recuerdo a un conocido de la familia, a quien cuando nosotras lo escuchábamos hablar en castellano —porque la mayoría de las conversaciones eran en idish, el idioma en común— pensábamos: ¿Podremos alguna vez poder hablar como este señor?

Con el tiempo, Adela y yo aprendimos el castellano y nos reíamos al escucharlo hablar: no había dos palabras seguidas que el hombre pronunciara bien o que no las hubiera deformado.”

“El espejo”, de Lea Zajac Novera

1938. En el bosque del pueblo de Jalowka, en Polonia, la familia materna de Lea: abuelos, tías y tíos, primos.

“Al día siguiente, después de quedar libres por el Ejército Rojo en su férrea marcha hacia Berlín, el pequeño grupo de mujeres se desparramó rápidamente en todas las direcciones. Mi tía y yo no podíamos correr y quedamos escondidas entre los restos de las casitas derruidas de los campesinos.

Al amanecer, después de emerger debajo del montón de bolsas vacías de granos y papas, decidimos volver a nuestro pueblo, con la esperanza de ver que alguno de nuestros hombres volviera con vida.

Caminando despacio durante un mes, a través de ciudades y pueblos destruidos, por fin llegamos a una ciudad que no había sido bombardeada.

Con mucha precaución para no ser vistas, nos dimos cuenta que era una ciudad vacía. (…) Nos acercamos a una hermosa casa. Nadie contestó a nuestro llamado. Solo estaba el gato. Decidimos entrar y bañarnos. Mi tía se quedó cuidando la puerta de entrada y yo avancé. Abrí una puerta y me encontré en un baño que no parecía real. Pensé que estaba soñando. Una bañera blanca. Azulejos blancos en todas las paredes…. ¡Un jabón perfumado!

Al mirar el espejo, descubro a una mujer con una mirada asustada, aspecto sucio, camisa medio rota. Levanto la mano para taparme la boca de miedo. Ella también. ¡¿Cómo?! ¡Soy yo! Repito otra vez: ¡Soy yo! Y ella también: ¡Soy yo!  Hacía dos años y medio que no me veía en un espejo. No me reconocí…

Me bañé en la bañera con el jabón perfumado. Lo mismo hizo mi tía. Nuestro primer baño de libertad. Nos pusimos prendas sacadas de los roperos repletos de ropas, que muy posiblemente fueran de esas que yo doblaba en Auschwitz…

Nos llevamos una pollera con una blusa cada una y nos pusimos un pañuelo. El mío, lo conservo hasta hoy. Gracias a aquél espejo, nos conocimos nuevamente Lea y yo.”

En Voces con historia Vol III se publican textos de Isaac Behar; Irene Dab; Sofía Noelly F. de Talgham; Sabina Feinkind; Gladys Freidzon; Raquel Fride; Felix Friedenbach; Julie Ida Hahn; Ruth Jäkell Marshall; Jorge Andrés Kappel; Felicia Klawir (Zosia); Mira Kniaziew de Stupnik; Elisabeth Kogan (Lea); Louise Kupfer; Josette J. Laznowski; Alberto Lerner; Mario Lupov; Amalia Miodownik; Raia Piekarska de Kolb; Clery Rosanes de Postan; Rosa G. Rotenberg; Eva Salomon; Liliana Tenembaun de Kohon; Micheline Wolanowski Papiernik y Lea Zajac Novera.

Testimonios sobre el Taller de Escritura

“Nunca antes había escrito para que otros me leyeran. Es evidente que algo tenía que decir, que contar y quizás nunca lo hubiera hecho en forma escrita de no ser por el Taller Literario.” Isaac Behar

“Me incorporé al Taller de Literatura con un objetivo secreto: aprender conceptos sobre escritura con el fin de escribir mi propia historia testimonial.” Rosa Rotenberg

“Graciela lee y es como una telenovela, usa su voz y expresión moduladas de tal manera, que me hace sentir dentro del cuento que lee.” Clery Rosanes

“El diálogo y la escritura van tejiendo entre nosotros una comunicación aliviadora, sanadora. La palabra nos rescata de la soledad y nos aleja de los fantasmas.” Jorge Kappel

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