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Hernán Casciari avanza con la financiación de “Canelones”, la serie que tendrá a Darío Barassi y Verónica Llinás como protagonistas

En diálogo con TN, el escritor explica cómo funciona el método de autogestión para producir su nuevo proyecto, cuenta la historia real que inspiró esta ficción y pone sobre la mesa los desafíos de la industria.

En diálogo con TN, el escritor explica cómo funciona el método de autogestión para producir su nuevo proyecto, cuenta la historia real que inspiró esta ficción y pone sobre la mesa los desafíos de la industria.

Con el anuncio de Canelones, una miniserie de seis capítulos, Hernán Casciari está dando forma a la realización de su segundo proyecto audiovisual en el año. La Uruguaya, sobre la exitosa novela de Pedro Mairal, termina su rodaje en pocos días en Buenos Aires, terminadas las jornadas en Montevideo. La dirige Ana García Blaya, la de la estupenda Las buenas intenciones. Y su nueva ficción, a dos meses del llamado en busca de financiación, ya tiene protagonistas confirmados: Darío Barassi y Verónica Llinás, que serán Casciari y su mamá en una historia “basada en hechos reales”.

Si algo define el trabajo de este escritor, editor y ahora productor mercedino es la autogestión. En un mundo con mercados cada vez más concentrados, un outsider como él consiguió financiar una película en 44 días. Con 1937 productores asociados, que pusieron plata hasta llegar a 600 mil dólares en ese lapso de tiempo. La búsqueda de Canelones continúa abierta hasta el 31 de diciembre. Lleva, hasta el momento en que se escribe esta nota, 2931 socios con los que se recaudaron 561.500 dólares. La venta es tentadora: “Invertís 100 USD, te convertís en productor asociado y decidís el casting, escenas del guion y hasta podés ser extra. Es imposible que encuentres algo más divertido que hacer con USD”.

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“Cada vez que comprás un bono de 100, o más de uno, te damos una contraseña para una app parecida para votar una serie de opciones en un lapso de tiempo —cuenta Casciari en diálogo con TN—. De ese modo, han decidido cosas como si querían o no ir a cines comerciales con la película terminada, si querían que los protagonistas fueran célebres o darle la oportunidad a actores desconocidos. En La Uruguaya eligieron la segunda opción, entonces armamos un casting de unos 750 postulantes, pero un casting abierto, por lo que también entraron actores conocidos (Nicolás Pauls, Juan Gil Navarro, Esteban Menis). Había gente del ambiente y otros desconocidos. Fueron los 1937 socios los que finalmente eligieron a la pareja ganadora”.

Antes de meterse en el cine, mucho antes de la difusión de los sistemas de crowdfunding, Casciari ya sacaba adelante proyectos independientes, financiados por su comunidad, como la revista y sello Orsai. Y fue famosa su decisión de despedirse de los grandes sellos editoriales para hacer otro camino. Una especie de épica a contramano, que propone recuperar la vieja y abandonada idea de hacer cosas por pasión y placer.

En diálogo con TN, el escritor explicó cómo funciona el sistema de financiación colectiva y analizó los desafíos de la industria.

“Entiendo que se vea con cierta épica, pero la verdad es que es un proceso que tiene más que ver con la diversión que con la épica. Realmente me he aburrido mucho en las grandes editoriales, con los sistemas tradicionales. Lo único que me pasa ahí es que me aburro. Me aburren jefes estúpidos. Me aburren decisiones empresariales que no tienen un porqué. Me empiezo a preguntar cosas, a pelear, no me gusta ir a almorzar con esa gente. Todos los mundos industriales se parecen, todo funciona igual, como una fábrica de chorizos. Donde la gente empieza a sentirse oficinista y no hay pasión verdadera por el trabajo artesanal. Porque son personas que terminan sintiendo más interés por el dinero que por el proyecto y de esa manera es muy difícil trabajar. Es muy difícil sentir felicidad en una empresa donde viene un gerente de arriba y te dice ‘a esto hay que ponerle voz en off porque sino las señoras no entienden’. Nosotros (el plural incluye a Christian ‘Chiri’ Basilis, su amigo de la infancia y socio creativo) inventamos un sistema donde no viene nunca uno de arriba a decirte eso. Nunca”, argumenta Casciari a este medio.

—Esto te convierte en una especie Quijote, porque la mayor parte de la gente con ideas y proyectos no puede permitirse pensar en el amor antes que en la necesidad de conseguir dinero.

—Lo que pasa es que yo prefiero el dinero también, eh. No estoy a favor del hippie que no le interesa todo eso. Me pasa mucho, como escritor, que me mandan un mail de una revista independiente que quiere publicar un cuento mío pero no pueden pagarme y los mando a cagar. Justamente, los que mejor tenemos que pagar somos los independientes. Porque tenemos que demostrar que somos mejores y somos mejores. La revista Orsai paga mejor que cualquier medio de la Argentina, lejos. Justamente, porque somos independientes. El que paga mal es la industria. Si no podés pagar, no sos independiente, metete de empleado. Tenemos que demostrar que podemos solos.

—Además de la autogestión, te define la interacción con los otros. Canelones parte de lo que pasó con un oyente de un cuento tuyo. Y ese ida y vuelta con tu comunidad de seguidores en un programa de radio muy escuchado (Perros de la calle) es definitoria. Te ha convertido en una rara especie de artista popular, si te cabe la expresión…

—Podés tener una gran comunidad y no ser popular, creo que ese es mi caso. Tengo una enorme comunidad desde hace años, pero no por esa razón lo mío es popular. La horizontalidad de conversación con la comunidad es hoy la forma de salirse de los moldes rutinarios, industriales… tener una comunidad. Me parece que eso es fundamental.

— Luego, está la autorreferencia. Como una literatura del yo pero en distintos formatos, en tanto hablás a tu comunidad de cosas de tu propia vida. Tu familia, el infarto que sufriste en Uruguay..

—Todo mi trabajo está sustentado en el núcleo duro por amigos y familia. No trabajo con gente que no conozca desde hace muchísimos años. Es muy improbable que trabaje con gente nueva porque tengo en mi grupo de gente lo que necesito. Casi que no tengo un anecdotario por fuera de esa gente.

—¿Eso no te encierra un poco?

—Es que la gente nueva es mi comunidad. El que no conozco, trabaja conmigo. En este caso, hay 1937 personas nuevas a las que no conozco. Todo el tiempo estoy contestando un mail o un mensaje de Instagram de gente que no conozco, pero que están formando parte de un proyecto.

—A diferencia de La Uruguaya, Canelones será una miniserie..

—Sí, seis capítulos. No nos alcanzó el tiempo porque tenemos más de tres horas de necesidad como para hacer una película. Y necesitamos que sean escenas teatrales con la suficiente respiración. Para que eso ocurra, porque es una historia real, nos dimos cuenta de que no nos alcanzaba con una peli. Claro que son seis capítulos de media hora, así que al final son tres horas, pero para peli es mucho, demasiado pedante hacer una película de tres horas. Estamos en un mundo más fragmentario. Fijate que cuando te ponen una peli en Netflix de tres horas te parece mucho, pero te mirás una serie de seis horas. El formato serie nos está ganando desde lo fragmentario. Y no me parece mal.

—Signo de una época fragmentaria..

—Sí, de ventanitas y de explicar todo con numeritos. Se ponen títulos como ‘Siete cosas que no sabías de…’, así entrás tranquilo, sabiendo que en el siete termina. Otra cosa que me empezó a pasar, y lo vi en mi hija adolescente, es que a veces ponemos pausa en una peli para ver cuánto falta. Y cuando vamos al cine, me empieza a pasar que no sé por dónde estoy, me gustaría apretar el botón rojo para medir el tiempo. Ganó la ansiedad.

Canelones es una historia que nace de una anécdota personal y también involucra a la comunidad, en este caso, a un oyente.

-Sí. El cuento es de 2005 y la anécdota que refiere es de 1988. Con Chiri, de chicos, jugábamos mucho a hacer bromas telefónicas: Mercedes, pueblo chico, al pedo toda la tarde. Y teníamos una enorme experiencia en hacer bromas, pero un día hice una muy cruel que nunca me pude perdonar. Competíamos a ver quién hacía durar más a la víctima del otro lado del teléfono. A mí me toca una señora y yo usaba una técnica que era usar una voz pausada para que la otra persona tuviera que descubrir mi identidad. Y esta persona me dijo: “Daniel, sos vos?” Y me di cuenta de que Daniel era el hijo y que hacía bocha que no lo veía. Le seguí la corriente y me puse muy cruel, tenía dieciséis años. Le dije: “Estoy acá en el pueblo, mamá. ¿Me hacés canelones?”. Y la mujer me dijo que sí. Y en ese momento sentí la presión de la culpa, de saber que una mujer empezaba a preparar canelones.marian

Un tiempo después hice una carta pidiendo disculpas, en un diario de Mercedes que supuse leían las señoras, aunque no sabía quién era ella. En 2005, ya viviendo en Barcelona, escribí el cuento real, largo. Y en 2013, lo leí en Perros de la Calle. Y ese hijo lo escuchó. Y ató unos cabos, sobre una carta que le mandó la mamá antes de suicidarse, en el que hay un párrafo que él nunca entendió, que tenía que ver con algo que decía “lo que me hiciste esa noche no me lo merecía”. Se obsesionó conmigo durante todo el 2014, recibí mails yo, mi editorial, mi mujer de entonces, y en todos los casos creímos que era un chiste o no le dimos bola. No le contesté y no sé bien porqué. Tengo esos mails. El tipo empezó a stalkear y como lo mío, justamente, es tan autorreferencial llegó a mi mamá que había vendido la casa, había quedado viuda y vendía su casa de Mercedes por Facebook. La contactó por ahí y, en un momento, entre 2014 y 2015 empezaron a tener una relación virtual, romántica y hasta erótica. Mi vieja hoy me puede contar que se enamoró. Pero él estaba en un plan estratégico. En octubre de 2015, volví a Mercedes por primera vez desde 2008, el tipo se entera y va. Había estado esperando para ese momento. Lo demás es spoiler. Pero en esta trama nuestra hay dos tipos, nosotros, que van a resolver el problema sin muchas herramientas, y esa historia es divertida.

-Siempre parece presente ese factor “Paul Austeriano” del azar, las coincidencias locas de la vida real..

-Sí, las rimas de la vida, que dice Auster. Me parece que tiene que ver con un nudo de filtrar la observación. Hay una búsqueda de esa clase de relación. Creo que tienen mucho que ver mis lecturas de Auster de adolescencia, el primer Auster. También Cortázar, que tiene una cosa así, de señales. Es divertido pensar la vida real así, ponerle colores, filtros de Instagram antes de la existencia de Instagram.

-En 2015 sufriste un infarto mientras estabas en Montevideo y gracias a la rápida reacción de los dueños de la casa que alquilaste sobreviviste. Ahora esta historia tendrá su propia serie, El mejor infarto de mi vida. ¿Cómo avanza ese proyecto?

-Justo tuve noticias porque hablé con uno de los productores. No quería preguntar porque no es un proyecto que me guste. Es algo que pasó de verdad pero que es mala literatura. Lo único que tiene de bueno es que pasó, pero es demasiado inspiracional, tiene moraleja buena y supongo que la compran por eso. Y por eso nunca le di bola. Inicia el rodaje el 4 de marzo. Es una serie, también. Yo la vendí como peli, pero parece que no se hacen más pelis ahora: se hacen series. Van a ser dos temporadas, la primera es mi subjetiva, mi punto de vista de lo que me pasa en Uruguay, en la que los uruguayos que me salvan la vida son secundarios. Y la segunda, me tiene a mí como secundario. Y ellos son los protagonistas. Me pareció interesante el concepto. Otras cosas no me gustaron tanto porque es una versión libre y cuando hay una versión libre al autor no le gusta tanto. Pero son estas cosas que pasan en la industria.

Sebastián Arzeno y Fiorella Bottaioli, protagonistas de la película “La uruguaya” que financiaron 1937 productores asociados.

-¿Hay otras historias que te gustaría convertir en proyectos?

Queremos hacer documentales. Es un formato que está creciendo mucho desde lo creativo. Y ahí, por fin, nos iremos a otro lugar que no sea la autorreferencialidad de nuestras vidas. Hay un formato de documental en donde hay una búsqueda periodística profunda, que lleva tiempo y dinero. Y en esa búsqueda se encuentra algo que no estaba, algo nuevo. Lo único que entendemos de eso es que es caro. Hay que darle al periodista y al equipo audiovisual lo que nunca se suele dar: tiempo y guita. Ir, investigar, encontrar. Estamos dulces económicamente para hacer cosas que han vuelto a ser novedosas, porque hace muchos años que, en periodismo, nadie le pone plata a lo que tiene calidad.

-Suena todo tan ideal..

-Es que estamos buscando eso: el momento en que todo se rompió. Porque estas ideas no son nuevas, sino que dejaron de hacerse. Una revista buena, linda bien corregida se dejó de hacer, no es que no existió. Lo mismo con un documental o una película. Hay que buscarle una vueltita. Queremos hacer cosas que surjan del gusto verdadero. Está muy contaminado todo, desde el cómo se deberían hacer las cosas al porqué. Ir al Estado, a lugares donde te abren la puertita un rato, como si fueras un nene y tuvieras que rendir cuentas, pidiendo por favor que te ayuden. La forma en que las personas con ideas tienen que salir a pedir me parece humillante.

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