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A 20 años de la desaparición de Darío Jerez en Santa Teresita: “Mi viejo merece que no descansemos hasta saber la verdad”

“Más de 10.000 días de ausencia, pero ni uno de olvido”. ¿Dónde está Darío Jerez?, es una incógnita entretejida de impunidad, misterio y poder político. Sin brújula ni receta, el mismo pedido de verdad y justicia atravesó 20 años de una batalla estoica.

“Su desaparición fue una piña en la cara. Toda nuestra vida dio un giro de 180 grados. Mi viejo merece que no descansemos hasta saber la verdad”, sentencia Julián Jerez (36), el hijo mayor de Darío, en diálogo con Clarín.

Sus dos hermanos -Joaquín (35) y Germán (31)- y Viviana (59), la mujer de Darío, aprendieron a vivir con el dolor de no saber, pero crecieron con la firme convicción de que nada detendrá la incesante búsqueda en la que batallan desde hace dos décadas.

Julián, hijo de Darío, mantiene el reclamo por la desaparición de su padre.

El comerciante y gestor crediticio de Santa Teresita fue visto por última vez el 25 de octubre de 2001 en la esquina de las calles 29 y 3, donde se encuentra la diagonal que hoy lleva su nombre. Era vendedor de Arcor y comercializaba la tarjeta de crédito COMPRAR.

Hasta allí había llegado cerca de las 10 de la mañana, manejando a contramano un Ford Fiesta de su propiedad y con muestras de nerviosismo e inquietud, según el relato de testigos. Dejó las llaves puestas, su suéter amarillo en el asiento del acompañante, un paquete de galletitas y el cargador del celular en el piso. El teléfono nunca apareció.

Al salir del local, los mismos testigos dijeron haberlo visto conversando con “un hombre más alto que él”, a quien durante el juicio identificaron como Alejandro Muñoz -un directivo de la empresa donde trabajaba-, luego de haber realizado un cobro al negocio propiedad de José Stoll para luego subirse a su vehículo y aguardar una hora dentro de él.

Detrás suyo estacionó otro auto con dos personas a bordo. Fue lo último que se supo de Jerez. El Ford quedó estacionado con las ventanillas abiertas y los objetos personales en su interior. “No tenía motivos para desaparecer”, coincidieron todos en el juicio.

El andamiaje judicial

El juicio oral recién pudo comenzar en el año 2013, luego de que la causa haya pasado por los escritorios de cinco fiscales. Hubo seis imputados: cinco por encubrimiento y 1 por falso testimonio.

Tres de ellos eran ex funcionarios del municipio del Partido de la Costa. Los dos restantes, gerentes de una financiera (llamada Tarjeta COMPRAR) que, conforme a la causa, mantenía una deuda con Jerez.

Juicio oral y público por la desaparición de Darío Jerez, ocurrida el 25 de octubre de 2001 en Santa Teresita.

Aunque el fiscal general de Dolores, Diego Escoda, agrupó información suficiente para sospechar que los funcionarios municipales aportaron datos falsos a la causa “con el fin de ayudar a los autores materiales del hecho”, la causa no prosperó.

Tras un mes de audiencias y 184 testigos, el Tribunal Oral Penal N° 2 de Dolores absolvió a todos por no poder acreditarse el delito base, la desaparición forzada.

¿Quienes estuvieron acusados?

Jorge Grande (ex secretario de Gobierno del entonces intendente Guillermo Magadán); el ex concejal Daniel Claudio López, y el ex jefe de inspecciones, Cristian Ibarra. También, los empresarios vinculados a la Tarjeta COMPRAR: Alejandro Muñoz y Carlos Subirol. Todos ellos por encubrimiento agravado.

El sexto imputado, por falso testimonio, fue Leandro Alzugaray (ya fallecido), que la familia de Jerez señaló como quien “hacía los trabajos sucios para Grande”.

El fallo absolutorio fue apelado y el Tribunal de Casación Bonaerense ordenó en el año 2014 la realización de un nuevo juicio, al entender que se hizo una valoración errónea de la prueba.

Incluso, la Dirección de Migraciones no registró salidas del país por parte del comerciante. Sin embargo, el nuevo Juicio nunca se llevó a cabo por la “prescripción de la acción penal”.

“El sistema está armado para encarcelar a los pobres. Es más difícil llegar a la justicia cuando los acusados manejan dinero e influencias”, reflexiona Julián.

La mujer de Jerez, en el lugar donde testigos vieron por última a su marido.

Después de 20 años, la investigación por la desaparición de Darío Jerez sigue abierta, pero sin avances sustanciales. Tramita en la Fiscalía de Dolores, a cargo de Diego Bensi. La única línea que, por un momento, posibilitó su avance fue la causa conexa por encubrimiento.

El último movimiento es la oferta de una recompensa de $ 500.000 que dispuso el ministerio de Seguridad de la Nación, en agosto de 2020, para quien aporte información. Todavía nadie se presentó.

“El pacto de silencio que manejan quienes fueron acusados por el encubrimiento nos dificulta el acceso a la verdad y, más aún, a la justicia. No sabemos si vamos a llegar a que nos digan qué fue lo que hicieron con él, pero nos va la vida en esa pelea”, asegura Julián con la voz quebrada por el recuerdo de su papá.

La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) –en su calidad de Mecanismo Local de Prevención de la Tortura– presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el caso de Darío Jerez para que el órgano internacional califique el hecho como un caso de desaparición forzada y le exija al Estado argentino una investigación que esclarezca el hecho.

“En 2001, el concepto de ‘desaparición forzada’ no estaba claro en el marco legal. Se caratuló como ‘búsqueda de paradero’, pero la responsabilidad de la policía y del municipio en su desaparición y del Estado argentino en la denegación de justicia son todos conceptos en disputa”, aclara Julián.

¿Por qué crees que el expediente está trabado y sin avances?, la pregunta disparó en Julián una cadena de porqués entremezclados con el hastío de dos décadas de impunidad.

Darío Jerez trabajaba para Arcor y para una tarjeta de crédito.

“Porque desaparecieron a Darío en octubre de 2001, a dos meses de que el país estallara. Porque los acusados por el encubrimiento manejaban el poder político y económico de la zona y se dedicaron a ensuciar la investigación siempre que pudieron, aún cuando ya no estaban en el gobierno. Porque mantienen influencias sobre el poder judicial de Dolores. Porque no es de extrañar su influencia en el poder policial que investigó durante los primeros días”, fue su respuesta.

Una causa emblemática

Memoria Activa Darío Jerez representa un colectivo de acciones para que la frase NUNCA MÁS sea un hecho y no redunde solo en palabras. Se organizaron más de 700 marchas para reclamar por el paradero de Darío y conocer los responsables de su destino.

“El movimiento se conformó después de la indignación que generó el vergonzoso fallo del 2013 en el que absolvieron a todos los imputados porque el tribunal no encontró probada la desaparición forzada”, argumenta Julián, y agradece el compromiso de todos.

“La lucha sigue desde dos frentes: el judicial y el ejercicio de la memoria del pueblo”, asegura Darío, y piensa en su papá como un ser maravilloso: “Lo recuerdo como lo mejor que vivimos en un mundo de mierda. Hay veces que me sangran las encías del amor que no le dije. Tenemos marcados y ardiendo en el cuerpo todos los abrazos que nos dio”.

La ausencia de Darío es una sombra que no se desvanece porque está presente en el grito de las gargantas en las que arde la injusticia.

GL

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