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Expertos en enojar al Papa

¿Era necesario hacerlo enojar más al Papa? ¿O fue para irritarlo a Juan Manzur, el ministro más pío del gabinete? En las horas previas al viaje del presidente a Roma, el oficialismo de Diputados le votó otro proyecto agraviante para el Vaticano. No bastó con el aborto y los pininos mariguanos. Ocurrió entre gallos y medianoche, en la mañana del miércoles, cuando declinaba la sesión de las 30 horas. Se propuso darle el aval a una convención contra la discriminación que firmó el gobierno hace años. Sin que nadie se diera cuenta, la mitad de los diputados se levantaron de las bancas y dejaron al bloque oficialista con Maxi Kirchner y Sergio Massa desprevenidos. Esa convención no la quiere la Iglesia de Roma ni las ligas que representan a los evangélicos. Atosigaron a los legisladores de todos los partidos con la advertencia de que la “Convención Interamericana contra toda forma de discriminación e intolerancia”, en su artículo 4° puede abrir la posibilidad de violentar la libertad de culto, de expresión y de enseñanza. Para esa norma, es discriminación “la elaboración y la utilización de contenidos, métodos o herramientas pedagógicos que reproduzcan estereotipos o preconceptos” en función (entre otros criterios) del “sexo, orientación sexual, identidad y expresión de género”.

En la madrugada del 30 de diciembre de 2020, manifestantes acamparon en la calle, a favor y en contra del aborto. Finalmente, el Senado votó verde, y la Iglesia criticó al Gobierno muy fuerte.

Otra batalla de madrugada, como con el aborto

Era una repetición de otro voto de madrugada, aquel de la despenalización del aborto, que ocurrió, también en otro duelo de madrugada, cerca de las 7:30 AM el 22 de diciembre. Esta vez salió por 128 votos. Uno menos del necesario para el quórum porque hubo una abstención – la del aborto salió por apenas 131. Los diputados del oficialismo tuvieron el acompañamiento de otros del ala más liberal de la oposición, como Karina Banfi y Maxi Ferraro. Se entiende, porque el proyecto de ratificación lo habían enviado al Congreso en 2018 Mauricio Macri, Marcos Peña y Jorge Faurie. Inoportuno antes de unas elecciones en donde el voto “celeste” puede pesar, fue el mensaje de quienes manejan estos temas en la oposición. Cristian Ritondo, jefe del bloque PRO, se retiró por este motivo. Carmen Polledo hizo lo mismo y si se quedaba se habría abstenido. Massa le dio la palabra a la diputada bergoglista Victoria Morales Gorleri, pero ella se había levantado de la banca y miraba desde el hemiciclo, presente en la casa, pero ausente de su banca. Gustavo Menna, radical de Chubut estaba en baño cuando se votó y logró reclamar para que lo pusieran entre quienes apoyaban el proyecto.

Y de paso, halagar la agenda anti-medios

Massa había tomado partido en el asunto. Su bloque había adherido antes de 2019 a las críticas de sectores clericales en el sentido de reglamentar esa convención con algunas reservas que protegiesen la libertad de expresión. Pero el oficialismo prefirió cumplir con otra consigna del cristinismo: hostigar a los medios que le meten mierda la gente en la cabeza – hallazgo dialéctico del retornado Julián Álvarez, el látigo de Cristina contra los jueces antes de 2015. Muchos exfuncionarios K le atribuyen haber provocado la ira de los magistrados que los procesaron y lo buscaban para pedirle cuentas. Estaba en España haciendo un curso de posgrado. Ahora renace en las listas comunales de Lanús que le ganaron las PASO al jefe de campaña de Santilli, Néstor Grindetti. Allí el peronismo tuvo el tino de no ir en lista única, como ocurrió en otro distritos en donde fue derrotado por la biodiversidad de Cambiemos. ADEPA había pedido, desde otro punto de vista que “toda norma posterior que pueda derivarse de la Convención se analice en el marco de un debate profundo y diverso, que garantice la protección de las libertades de opinión y expresión”. Final:128 a favor, 120 ausentes, entre ellos Eduardo Valdés, presidente de la comisión de Relaciones Exteriores que había promovido el tratamiento del proyecto y exembajador en el Vaticano. Ferraro, presidente de la Coalición, dejó sentado su enojo por ese gesto silencioso de sus colegas: “Quiero declarar a esta mañana – ironizó – como la del diputado sorprendido (…) No nos tiene que sorprender, digámoslo. No me sorprende el lobby trasversal que recorrió cada uno de los bloques mayoritarios para que hoy estemos faltando a una realidad y a una historia de la Argentina en materia de reconocimiento y ampliación de los derechos humanos”. Votó, claro, a favor.

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Pecan para que los reciban en el Vaticano

Seguramente Alberto, y sus acompañantes en el viaje a Roma con más recorrido bergogliano, como Juan Manuel Olmos – una especie de ahijado de Francisco – o Gustavo Béliz – diácono de la Iglesia – saben que la clientela de la Iglesia son los pecadores. Una mancha más al tigre, como este proyecto anti-Iglesia, le podía aumentar al presidente las chances de una reunión con el Santo Padre que todos los voceros pusieron en duda. Olmos y Béliz sí recorrerán las estancias pontificias porque integran la Argentina que le gusta frecuentar a Bergoglio, con el mismo énfasis como le irrita la Argentina de la política, que busca su cercanía para sacarse fotos. Este Papa es un semiólogo natural como pocos, y no da puntada sin hilo. En la semana cuando mandó a decir a sus voceros que no recibiría a Alberto, halagó con foto y gacetilla al empresario Gonzalo Tanoira – presidente de la ACDE (Asociación Cristiana de Empresas) y al periodista Nelson Castro, que le llevó la traducción al italiano de su último libro “La salute dei Papi”. Tanoira le llevó documentos para la canonización de Enrique Shaw, ex marino de guerra y empresario del vidrio, que ya es “Venerable” y que va camino a la santidad. Nelson tiene una agenda que no puede considerarse cercana al gobierno. A comienzos de mes, recibió a Gustavo Vera, corredactor del documento de la Santa Sede dirigido a los representantes del G-20. También estuvo por allá Juan Grabois, que afirma no haberse entrevistado pero que participó de una cumbre mundial del Dicasterio de Desarrollo Social en la ciudad de Asís. Si el gobierno quiere acercarse al Papa, ¿para qué incitar los demonios negativos? A menos que se quieran exhibir pecados que sólo puede remediar el perdón y la penitencia. Y la Iglesia siempre perdona.

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Córdoba, de nuevo el eje estratégico

La trama cordobesa es central en el armado opositor. Este viernes Mauricio Macri privilegió en su agenda estar en el almuerzo de la Bolsa de Comercio de Córdoba. Fue con los candidatos de Cambiemos Luis Juez y Rodrigo de Loredo, pero cuidó de que estuvieran también Mario Negri – jefe del interbloque de Diputados – y Gustavo Santos – ex ministro de Turismo y a quien considera que debe ser el candidato a gobernador de Córdoba en 2023. La semana que viene tiene otro turno Miguel Pichetto para almuerzo y conferencia en la Bolsa local. Fue quien que armó junto a Schiaretti la mesa de los 4 de Córdoba junto a Urtubey, Massa y Lavagna. Esa entente del peronismo en ese momento hizo temblar al peronismo del AMBA, que cedió todo, empezando por la candidatura presidencial de Cristina, con tal de que aportasen a un proceso de unidad. No les costó mucho a los gobernadores, a quienes la debacle de la economía de Macri después de las elecciones de 2017 los subía a la cubierta del Titanic. Pichetto viaja acompañado por Ramón Puerta.

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Peronistas, de a uno, no en banda

Los escenarios después del 14 de noviembre le abren una nueva chance al peronismo territorial no cristinista. Una derrota nacional del oficialismo, particularmente en Buenos Aires, generará una migración de dirigentes hacia alguna querencia más próspera. No es fácil que Juntos por el Cambio se beneficie de estos pases si mantiene su formato actual. Es la oportunidad para el Peronismo Republicano que agitan Pichetto, Puerta, Jorge Yoma – quien sumó esta semana a Jorge Telerman, funcionario de Larreta. Para estos armadores, la liga opositora de Cambiemos les niega personería. Los quiere con ellos, pero como individualidades, no como un sello peronista con los mismos derechos que el PRO, la UCR o la Coalición. La mesa de Macri tiene claro que una marca de su identidad es representar al voto no peronista de la Argentina. Que vengan de a uno, todos bienvenidos, dice Macri. Los bastoneros del PR (Peronismo Republicano) le responden que el peronista solo no va: es gregario, necesita una sigla y alguna señal de liderazgo al que acatar, que lo explique hacia afuera y le explique por qué se hace lo que se hace. Es consecuencia de la elasticidad ideológica del peronismo, que, en los ensayos de Durán Barba, en los que se le asignan animales a las conductas políticas, daría algo así como el camaleón.

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Las dos revoluciones, peronismo y no peronismo

Se trata, en el fondo, de temperamentos políticos diversos, que reflejan lo que Hanna Arendt llama las dos revoluciones. Una es la revolución que consagra los derechos y libertades del individuo. La considera “la revolución buena”, la que da nacimiento a los Estados Unidos con los padres peregrinos que huían de la persecución religiosa inglesa. La otra revolución, que ella considera “la revolución mala”, es la que reclama por la igualdad con violencia y guillotina. Es la revolución francesa. La liga opositores que reúne a radicales, conservadores y lilistas es una forma criolla del liberalismo, por eso pide más república. El peronismo es una forma del socialismo de estado, del laborismo del siglo XX. ¿Cómo unir bajo la misma carpa, con el mismo liderazgo y método a estas dos revoluciones? Difícil, salvo que haya un objetivo superior que ya no es ideológico sino táctico. Estas verdades las refiere Jürgen Habermas en un docto lugar de su ensayo “Hannah Arendt: La historia de las dos revoluciones (1966)”. Entre nosotros, es la confrontación entre el peronismo y el no peronismo. Nada nuevo, porque recrea los mismos debates previos a la convención radical de Gualeguaychú.

Las primarias salvan a la coalición

Este debate tiene hoy protocolos renovados. La Coalición Cambiemos ya no es ese pergeño de necesidades mutuas que sumaba el liderazgo macrista al radicalismo sociológico de la UCR y de la CC, como en 2015. Hoy la sociedad es entre el PRO de la CABA (experiencia exitosa de hegemonía de una alianza vecinal que lleva ya 15 años) y un radicalismo activo que resolvió la interna de Buenos Aires en una elección que sumó más votos que nunca, le disputó la mitad de los votos al PRO en la PASO Santilli-Manes, y sostuvo la necesidad de que las listas se discutieran en esas primarias, y no en el Uspallata Mall. Esto le ha permitido a Cambiemos sobrevivir a la pulverización ante el peronismo unido con listas únicas. En la percepción de quienes analizan esas densidades teóricas, como Jesús Rodríguez – coordinador de los equipos técnicos de Cambiemos – en ese proceso en el cual el radicalismo fue actor protagónico. En Chile las coaliciones de derecha e izquierda se han turnado desde la salida de Pinochet. Pero la falta de un acuerdo de fondo entre esos sellos las ha hecho estallar. Este año van a unas elecciones con una fragmentación del sistema, que originará un gobierno necesariamente débil. Lo mismo se percibe en Perú, que ya es un modelo de fracasos encadenados.

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