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Con el frente interno complicado, Alberto Fernández viaja al G20 para conseguir apoyo en el acuerdo con el FMI

Con el frente local complicado como nunca antes por el horizonte de la derrota electoral, el galope de la inflación y las disfunciones de su alianza de Gobierno, el Presidente Alberto Fernández llegará a Roma este viernes, en un viaje destinado -como casi todos los que organizó desde que llegó al Gobierno en 2019- a conseguir apoyo de líderes del mundo en la negociación Argentina con el Fondo Monetario Internacional.

Jorge Argüello -embajador en Washington y negociador argentino en la Cumbre del G20 que comenzará el sábado- ya está en Roma, intentando incluir en el documento final algunos párrafos -o al menos líneas- que reflejen los intereses del Presidente.

El principal objetivo del gobierno argentino es que el documento final del encuentro de jefes de Estado, que terminará de cerrarse el viernes por la noche, contenga alguna mención a la necesidad de reforma de la arquitectura financiera multilateral para que el crédito llegue a los países que lo necesitan.

Si es posible, el sherpa Argüello intentará que el párrafo sea más específico aún y se acomode mejor a las necesidades argentinas. La frase soñada por el ministro de Economía, Martín Guzmán, debe contener un llamado a los organismos de crédito para que eliminen las sobretasas que deben pagar los países que piden más dinero que el que está previsto según la cuota de participación que tienen en esos mismos organismos.

En otras palabras, Guzmán quiere que los líderes del G20 le digan al FMI que no cobre o que reduzca la sobretasa que recibe por el préstamo a la Argentina y que implica un desembolso de unos 900 millones de dólares anuales.

Esa pretensión tiene varios obstáculos. El primero es que algunos países -por ejemplo, Japón– ya le dijeron a la Argentina que se oponen a esa idea. Otro grupo de países -como Estados Unidos o Alemania- tienen diferencias en sus propias administraciones sobre el punto, en parte motivadas por las opiniones de sus equipos económicos. Además, está la resistencia del propio Fondo, que sabe que la sobretasa sirve para estimular a que los deudores paguen rápido y también para financiar la propia burocracia y el funcionamiento del organismo.

La pelea contra la sobretasa pone a Guzmán en una situación complicada. Si consigue reducirla, el relato para convertir un tema tan escondido entre las precisiones técnicas en un éxito político tendrá que ser algo parecido a una obra literaria. Si no lo logra, el acuerdo con el Fondo quedará aún mucho más lejos y su continuidad en el cargo ya no encontrará justificativos mencionables. 

Además de Guzmán, Fernández viajará a Roma con el canciller Santiago Cafiero; la vicecanciller Cecilia Todesca y la asesora Cecilia Nicolini.

El Presidente dio instrucciones de que también se impulse la llegada al documento de un llamado a los laboratorios para que liberen las patentes de las vacunas contra el COVID -en este caso, la oposición más fuerte llega desde la Unión Europea- y de un pedido para que se reduzca la contaminación en el planeta.

En ese camino, Fernández tendrá un aliado que trabajará desde un día antes del comienzo de la cumbre del G20. El viernes, Joe Biden se reunirá con el papa Francisco, en un encuentro que la prensa estadounidense ya considera “histórico”. Lo destacable de la cita es que Jorge Bergoglio y el estadounidense tienen una relación previa -se cruzaron cuatro veces desde 2013- e incluso condimentada con diálogos privados, como cuando Francisco se comunicó con Biden para confortarlo por la muerte de su hijo Joseph “Beau” Biden.

En el encuentro de este viernes, según esperan los analistas en Washington, Biden escuchará el pedido de Francisco para que Estados Unidos haga más esfuerzos para que las vacunas lleguen a los países pobres -Biden donó millones de dosis- y para reducir la actividad económica contaminante.

Son dos reclamos muy parecidos a los del gobierno argentino y por eso para la Casa Rosada será una buena noticia si Biden -el segundo presidente católico de la historia estadounidense luego de Kennedy- los menciona en su relato del encuentro. El Papa también llamó varias veces a cambiar el sistema financiero, aunque es menos probable que Biden lo considere un interlocutor determinante en ese punto.

Fernández tiene un encuentro pautado con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, y otro con el francés Emmanuel Macron. También se verá con Angela Merkel. La alemana será la estrella de la cumbre, porque se despide luego de dirigir durante 16 años la principal economía de Europa.

Merkel lleva varias semanas encadenando “últimas reuniones” y este martes participó por primera vez de una sesión del Parlamento Alemán desde la tribuna y no desde la banca que le corresponde al Canciller. Ya avisó que seguirá en su cargo hasta que quien probablemente sea su sucesor – el socialdemócrata Olaf Scholz, actual ministro de Economía- consiga los apoyos necesarios en el Bundestag para formar gobierno. Con la enorme influencia de Merkel en declive ¿Conseguirá Fernández que Scholz apoye en el futuro próximo la posición argentina?

Varios líderes que funcionaron como aliados del Presidente en algunas ocasiones avisaron que no estarán en Roma: el chino Xi Jinping, el ruso Vladimir Putin y el mexicano Andrés Manuel López Obrador se bajaron temprano. Lo mismo ocurrió con el japonés Fumio Kishida, que asumió este mes su cargo. Jair Bolsonaro sigue sin confirmar su presencia en Roma. No hay previsiones de un encuentro de Fernández con Biden y tampoco con el italiano Mario Draghi, así que es probable que la agenda de bilaterales no tenga muchas novedades.

Por supuesto, la inclusión en el documento final del G20 de un pedido para que se reformen los organismos de crédito o una condena a la sobretasa del FMI será un paso muy importante, pero no dejará de ser un primer paso en el camino al acuerdo con el Fondo para despejar el frente financiero argentino. En las oficinas del organismo en Washington todavía están esperando que Guzmán presente un plan económico con números consistentes.

La reducción de la sobretasa es el requisito que se autoimpuso Guzmán para empezar a meterse en serio en la parte más difícil de la negociación, que implicará, entre otras cuestiones, derribar la resistencia de Cristina Kirchner a aumentar las tarifas de los servicios públicos. Para conseguir eso, el Gobierno deberá hacer su propia reforma y dejar atrás el mecanismo de funcionamiento que le impide a cada hora tomar decisiones.

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