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La factura que mira el Fondo Monetario llega a US$ 66.000 millones

Uno de los desafíos que enfrenta Martín Guzmán es demostrar que la Argentina tiene la capacidad de generar los dólares para pagar la deuda. La cuenta no solo incluye el pago de los US$ 45.000 millones al Fondo Monetario Internacional contraídos durante la gestión de Mauricio Macri, sino también vencimientos con otros organismos y bonistas en los próximos años.

Según datos del Ministerio de Economía, los pagos de capital e intereses en moneda extranjera suman US$ 4.081 millones en lo que resta de 2021, US$ 25.527 millones en 2022, US$ 24.477 millones en 2023 y US$ 11.848 millones en 2024.

En total, la factura con los acreedores desde octubre de este año hasta los próximos tres años asciende a US$ 65.932 millones.

Esa pesada carga supera la totalidad de las reservas brutas del Banco Central (US$ 42.901 millones) y el saldo comercial previsto entre 2021 y 2024 (US$ 43.055 millones). Y representa las necesidades financieras que debe afrontar el país, un cálculo que según los analistas, es tenido en cuenta por las autoridades del Fondo a la hora de negociar un programa. 

“El fondo mira para adelante, te pide que le muestres el programa que permita crecer y generar divisas para que puedas pagarle. Mira todo, el sector público, el nivel de déficit, crecimiento, las políticas para crecer y que eso sea consistente con la balanza de pagos, aparte de las deudas provinciales y corporativas”, explicó Fernando Baer, economista de Quantum Finanzas, la consultora del exsecretario de Finanzas, Daniel Marx.

Los deudas de las compañías (intercompany), si bien son abultadas, son negociadas por los grupos empresarios y se renuevan en forma permanente. Entre 2020 y 2021, varias firmas se refinanciaron con la emisión de títulos, canjes y reestructuraciones. Ese es el caso de Aeropuertos Argentina 2000, MSU Energy, YPF, Telecom, CGC, Banco Hipotecario, Cresud, IRSA y Genneia.

Si se compara la deuda de la administración central, empresas y provincias, el sector de mayor endeudamiento es el público nacional, entre cuyos compromisos se destaca el crédito otorgado por el FMI en 2018 con vencimientos por US$ 2.289 millones en 2021, US$ 19.142 millones en 2022, US$ 19.394 millones en 2023 y US$ 4.888 millones en 2024.

El Fondo llamó este miércoles a los países a “calibrar” sus gastos ante el incremento histórico de la deuda durante el año pasado por la pandemia. La deuda mundial en 2020, incluidos los préstamos públicos y privados, saltó un 14%, a un récord de US$ 226 billones, según el informe denominado “Monitor fiscal” del organismo.

Guzmán viajó el lunes a Washington para negociar un acuerdo a 10 años (o más). En caso de cerrarse, la Argentina recibirá fondos para refinanciar vencimientos y tendrá cuatro años de gracia para devolverlos. Así, la boleta la empezará a pagar el próximo gobierno en 2026. Bajo ese supuesto, el ministro de Economía excluyó del Presupuesto los pagos del 2022, pero aún debe presentar un plan.

“Si volvés al mercado, no hay tanto inconveniente con las provincias y las empresas porque tienen niveles bajos de deuda. El problema es el sector público nacional, que defaultea y no le creen. Si no hay acuerdo, van al default y no van a alcanzar las reservas. La foto que tienen que mostrar es la necesidad de fondos en adelante, después ves como lo refinanciás”, explicó Baer.

En el entorno de Cristina Kirchner, estiman que los compromisos hasta el 2024 podrían llegar a US$ 100.000 millones incluyendo deuda de provincias y empresas. “Lo lógico sería poder extender el acuerdo más de 10 años y resolver el zafarrancho que dejó Macri, la deuda no es solo el FMI, nadie puede pensar que en poco tiempo se puede devolver esa masa de dinero“, aseguraron.

Según pudo saber Clarín, el staff del FMI solicitó en las últimas horas detalles sobre el sector externo, es decir, las exportaciones de bienes y servicios, los movimientos financieros y de bienes de capital internacionales y los pagos de deuda. También quieren saber cómo se va a bajar la inflación y la emisión destinada a financiar el gasto con déficit fiscal decreciente.

El plan de Guzmán es impulsar las exportaciones para generar divisas, algo que choca con el cepo cambiario que el gobierno debió profundizar la semana pasada. Varias consultoras temen que después de las elecciones se agrave aún más la brecha cambiaria y el Banco Central llegue a fin de año sin reservas netas. En septiembre, vendió casi US$ 1.000 millones en el mercado oficial.

En el equipo económico responden que “sin las restricciones no hay posibilidad de acumulación de reservas”. Otro de los puntos que genera discusión, según fuentes oficiales, no es tanto el tamaño del déficit fiscal como las fuentes para financiarlo. El Fondo cree que la asistencia monetaria contribuye a que las expectativas de inflación sigan “desancladas”.

La idea es que esa vía de financiamiento sea reemplazada por lo pronto por la colocación de deuda en pesos, un mecanismo con límites. Después de autorizar a los bancos a que coloquen sus encajes en Leliq en Letras del Tesoro, ahora Guzmán busca captar hasta $ 500.000 millones con nuevos títulos (Lelites) destinados a los Fondos Comunes de Inversión.

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