Alpargatas si, libros no

Por Roberto Art Decó

Hace mucho tiempo, asistí a una charla que daba Darío Alessandro en La Plata. Alessandro había nacido en Rojas, de origen radical, luego integró FORJA, junto al gran Arturo Jauretche, y terminó siendo un dirigente peronista de fuste, y de una coherencia ideológica admirable.

Recuerdo que quienes lo escuchábamos en su encendida charla, era un público mayormente universitario. Ese día habló de la importancia de ser libres, y de como habíamos pasado sin darnos cuenta del colonialismo ingles al sometimiento de las políticas de Estados Unidos y su correlato con otros países de latinoamérica. Eran las postrimerías de la última dictadura militar.

En un momento dijo ante un azorado público, “Yo fui quien gritó, alpargatas sí, libros no”, agregando “y es el día de hoy, que no me arrepiento”. Un murmullo se levantó en la sala por parte de los estudiantes presentes. Y el viejo remató, “porque en ese momento las alpargatas estaban con la liberación, y los libros con la dependencia”. El aplauso no se hizo esperar.

Por estos días se ha levantado una polémica similar. Algunos se han escandalizado porque Cristina, presentó su libro en la prestigiosa Feria del Libro, alegando que fue un acto político y no literario.

Me gustaría ver la biblioteca de esos quejosos, o cuantas veces fueron a la Feria del Libro.

Otros se han enojado porque hubo invitaciones especiales. Lo curioso es que quienes se sienten ofendidos, estaban en contra de que Cristina hiciera el acto.

Más allá de que, toda presentación de un libro es un acto político. Recordemos cuando hicieron lo mismo, claro que con otra convocatoria, Vargas Llosa, u otros como Brienza, Pigna, Bonasso, Felix Luna, donde se bajaba línea de un determinado pensamiento político. Ni hablemos de Gelman y su revolucionaria poesía, que se hubiese enojado mucho si algún critico decía que sus versos eran literarios y no políticos.

El calificado como acto de campaña, por parte de los medios dominantes, y que molesta a los intelectuales bien pensantes, que creen que es en un lugar poco menos que sacrosanto, se olvidan que allí mismo, sin ningún pudor se muestran y se venden los libros de Cohelo u otros de lectura fácil y liviana, y hasta están aquellos que enseñan cómo cuidar el jardín, que sin menospreciarlos, creo que están alejados de los elevados pensamientos de los inquisidores del acto en cuestión.

Esa Feria, por la cual de rasgan las vestiduras, es en realidad, un gran negocio donde las clases populares no pueden acceder, por el valor de su entrada y mucho menos por el costo de los libros. Toda esta cuestión nos debería obligar a tener una mirada más abarcadora.

Aunque no está confirmado que Cristina se presente a las próximas elecciones, todos los medios fueron a cubrir y se transformó en otra cadena nacional.

Pero la culpa no la tiene la ex mandataria, todos la querían escuchar, propios y extraños. Y así pasó, no importó la lluvia, ni todas las amenazas de bomba en los trenes que durante el día se sucedieron, y que impidieron una concurrencia aun mayor.

A los amantes de la cultura y la literatura, les debería alegrar que muchos conozcan por primera vez la Feria del Libro, gracias a la presentación de Simplemente.

Esta visión elitista sobre la supuesta profanación de la senadora, a un lugar donde hay que ir solamente a comprar un libro, y no a escuchar a un político, nos acerca más al concepto de que al menos ese día, los libros estuvieron más cerca de la dependencia que de la liberación.