«Ahora sí que somos pobres»

El asesinato de Facundo Cabral a manos de sicarios el 9 de julio, alrededor de las 5:20 AM en Guatemala, es quizás una paradoja, un mensaje, o una coincidencia de esas que al destino le fascinan. Rodolfo Enrique Cabral, conocido artísticamente como Facundo Cabral, nació en La Plata el 22 de mayo de 1937 y se caracterizó por sus composiciones de trova y sus soliloquios con anécdotas personales y reflexiones espirituales.

Una persona que tanto le cantó a la vida, fue alcanzado por tres balas destinadas a su acompañante, azarosas encriptaciones del destino. Una persona que tanto le cantó a la libertad, y es asesinado justo un 9 de julio, día de la independencia (y en el Boulevard Liberación) de su país, de nuestro país, más allá de que ya lo reza una de sus canciones «no soy de aquí ni soy de allá». Simbolismos que llaman la atención y ponen a pensar en toda su obra, toda su vida, y la actualidad de una América Latina siniestrada por la historia. Cuando murió Gardel la abuela de Cabral dijo «¡Pucha!, ahora si que somos pobres», con esta muerte retomo aquel dicho… ahora somos mucho más pobres.


Facundo Cabral



La madre de Facundo Cabral vivía en la casa de su abuelo paterno con sus 7 hermanos y su padre, quien los abandonó un día antes de que naciera el niño. Luego del episodio, el «abuelo Cabral», echó a toda la familia a la calle, por lo que años más tarde Facundo diría que «nació en una calle de la ciudad de La Plata». Se dice que los primeros años los pasó allí, y luego migró (con toda su familia) a Tierra del Fuego.

A los 9 años se escapó de su casa en busca de conocer al presidente argentino Juan Domingo Perón, de quien había escuchado que «le daba trabajo a los pobres». Luego de 4 meses viajando, siendo transportado por diferentes personas que notaron en el niño esa fuerza que lo llevaría a lograr lo que pretendía, con o sin su ayuda. Cuando por fin llegó a la Capital un vendedor le dio la dirección de la Casa Rosada. Al día siguente, ese niño de 9 años que había viajado durante 4 meses, desde Tierra del Fuego, se encaminó a encontrarse con Perón y burlando el cerco policial, pudo hablar con el Presidente, y con Eva Duarte. No es tan increíble el que allá burlado el cordón policial, si lo es, lo que años después contaría el mismo Facundo de su encuentro con Eva quién dijo «Por fin alguien que pide trabajo y no limosna». Con su travesía logró que su madre obtuviera un empleo y se trasladara a Tandil con toda su familia.

Luego de esa travesía la libertad le «picaría» y tomaría la decisión de irse. «Cuando me fui de mi casa, niño aún, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida, el segundo la libertad para vivirla».

Volviendo del infierno

El viaje, y esa libertad no durarían mucho, se convirtió en un marginal al punto de ser encerrado en un reformatorio. Se escapa, con un precoz alcoholismo a cuestas, y vuelve a caer preso a los 14 años, por su carácter violento. En la cárcel conoció a Simón (quien le enseñó a leer y escribir, lo puso en contacto con la literatura universal). Simón fue un sacerdote jesuita que lo impulsó, además, a terminar los estudios primarios y secundarios. Y además lo ayudaría a escaparse de la cárcel un año antes de «salir».

El lector vaticinará que la influencia del Sacerdote fue quien le inculcó a Cabral la religión. Pero en realidad fue un vagabundo que conoció en esta segunda libertad, el que le mostró el camino de la religión. De ahí que, aunque declarándose librepensador, Cabral cambiara su camino.

La música como camino

«Empecé a cantar con los paisanos, con la familia Techeiro. Y el 24 de febrero de 1954, un vagabundo me recitó el sermón de la montaña y descubrí que estaba naciendo. Corrí a escribir una canción de cuna, Vuele bajo, y empezó todo».

«No crezca mi niño, no crezca jamás los grandes al mundo le hacen mucho mal» decía ese primer tema que había entendido la parábola que Jesús predicó: «Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis, porque ellos es el reino de los cielos».

Le gustaba el folklore, era un rotundo admirador de Atahualpa Yupanqui y a José Sarralde. Ya en 1959 tocaba la guitarra y cantaba, y como es su costumbre, empezó a moverse. Llegó hasta Mar del Plata, y pidió trabajo en un hotel, al verlo con la guitarra, el dueño le dio la oportunidad de hacer un número artístico. Su carrera musical la comenzó de este modo, bajo el seudónimo de El Indio Gasparino. Grabó algunos temas pero no tuvieron mayor repercusión.

En 1970, ya con su verdadero apellido, grabó su gran éxito «No soy de aquí, ni soy de allá» y empezó a hacerse conocido en todo el mundo, grabó en nueve idiomas con cantantes de la talla de Alberto Cortez, Julio Iglesias, Pedro Vargas o Neil Diamond.

Más allá de los músicos lo influenciaron, en lo espiritual, Jesús, Gandhi y La Madre Teresa de Calcuta, lo que lo llevó a predicar una especie de misticismo cristiano; y en la literatura tuvo admiración por Jorge Luis Borges con quien también mantuvo conversaciones filosóficas. Esa admiración se acrecentó con un episodio que le tocó vivir en un recital «Al verme asombrado por su presencia en mi concierto, Ray Bradbury me dijo: me asombra que se asombre de encontrar un Bradbury viniendo de un país que tiene un Borges que es asombroso».

Este rumbo de observación espiritual, inconformista, se imprimió en sus canciones que llegaron al nudo de la crítica social (sin abandonar su habitual sentido del humor). «Lo recordaremos y valoraremos por la calidad intrínseca del valor de su persona, pero además, por el mensaje contenido en cada una de sus bonitas canciones y poemas que nos deja; en la que expresa un mensaje de rechazo a la guerra y  promueven  la paz y los valores esenciales que deben adornar a cada ser humano, como el amor, felicidad, superación, compañerismo y respeto mutuo» (Nicolás Arroyo Ramos, periodista Dominicano).

La escapada obligado… y el esperado regreso

Para el ’76 ya era considerado un cantautor de protesta, desde su primer canción de cuna (una crítica a los adultos); pasando por su primer éxito, e incluso toda su vida de constante migración; y las influencias que lo hic. Debió abandonar el país en el ’76, Durante la última Dictadura Argentina. Se radicó en México, donde continuó componiendo y haciendo presentaciones en vivo. Y giró por (aproximadamente) 159 países.

En el año ’84 (una vez terminada la sanguinaria tormenta del terrorismo de estado) regresó a su tierra como un hombre consagrado en su oficio, de Trovador. En su regreso ofreció un recital en el Estadio Luna Park y siguió por Mar del Plata. En 1987, hizo una presentación en la cancha de Ferrocarril Oeste El 5 de mayo de 1994, comenzó una gira internacional. Otra de tantas.

«Fue mudo hasta los 9 años, analfabeto hasta los 14, enviudó trágicamente a los 40 y conoció a su padre a los 46. El más pagano de los predicadores cumple 70 años y repasa su vida desde la habitación de hotel que eligió como última morada» (Facundo Cabral, sobre Facundo Cabral).

Muerte en Guatemala

En Guatemala la mayoría de los crímenes políticos quedan velados, o vedados por un manto de incertidumbre, entonces la posibilidad de saber quien fue el culpable de la muerte de Facundo Cabral parecen ser muy bajas. O puede verse desde otro lado. Es quizás, la muerte de Cabral la que hará esclarecer este ataque, e investigar en aquellas zonas de riesgo que el narcotráfico (quizás como arma del imperio) bloquea la justicia, y la seguridad.

El ataque en el que murió Facundo Cabral tuvo las características de un golpe comando. Se trató claramente de una emboscada en el transcurso de la cual, hombres armados que se desplazaban en tres vehículos rodearon la camioneta en la que viajaba el artista argentino hacia el aeropuerto internacional La Aurora de la capital guatemalteca, y abrieron fuego con fusiles. El vehículo recibió 18 impactos de bala, tres de ellos alcanzaron a Cabral, quien murió en el acto.

El atentado estaba dirigido (según los investigadores del caso) al empresario nicaragüense Henry Fariña, dueño de varios centros nocturnos en en Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Cabral debía volar hacia Nicaragua, donde iba a presentarse en el Teatro Nacional Rubén Darío, de Managua, concierto para el cual lo había contratado Fariña.

El 5 de julio de 2011, dio su último concierto (programado dentro de una gira que, todos esperábamos, fuera interminable) relató, como era habitual en sus recitales, su vida a los 5 mil guatemaltecos que fueron a verlo: desde su infancia pobre y su paso por el reformatorio, hasta su descubrimiento de Dios, su admiración por escritores como Jorge Luis Borges y Walt Withman, y las personalidades que lo marcaron, como la Madre Teresa de Calcuta y San Francisco de Asís. Un testimonio de autosuperación y aceptación religiosa del destino. Una actitud de vida que reiteró en la despedida, casi premonitoria: «Ya les di las gracias a ustedes (…) y después que sea lo que Dios quiera, porque Él sabe lo que hace». Y se lo llevó para escuchar al Trovador en vivo y en directo, puesto que el mundo terrenal ya había disfrutado bastante de su música.

\”No soy de aquí ni soy de allá\” Facundo Cabral