Gran maestro del lunfardo

Poeta rantifuso, escritor y compositor, oriundo de Luján, que vivió a la par del siglo XX colmando de poesía al tango. Le puso letra al mítico “Los Mareados” y a una veintena de canciones grabadas para siempre en la voz del Zorzal Criollo”.
Personaje del mes nrique cadicamo

Enrique Cadícamo nació en el seno de una familia de inmigrantes italianos, un 15 de julio de 1900, en una estancia de Luján, donde su padre oficiaba de mayordomo. A los seis años la familia se mudó a Floresta, y a los 18 se empleó en el Consejo Nacional de Educación donde conoció al periodista y escritor Leopoldo Lugones. Contaba los 26 cuando publicó su primer libro de versos, titulado Canciones grises, al que le siguió: “La luna del bajo fondo” (1940) y “Viento que lleva y trae”(1945). Posteriormente, publicó la novela “Café de camareras” (1969) y un libro dedicado a uno de sus amigos, “El desconocido Juan Carlos Cobián” (1972).
El primer tango escrito por Cadícamo fue «Pompas de jabón», con música de Roberto Goyeneche y fue el primero de los que le grabó Carlos Gardel en diciembre de 1925. Con el Zorzal criollo formó un dúo formidable, a quien le compuso alrededor de 23 canciones, y cerrando el círculo, también escribió «Madame Ivonne», el último que Gardel grabó en Argentina, antes de emprender su última gira el 6 de noviembre de 1933.
Cadícamo es recordado como un autor prolífico que alcanzó reconocimiento mundial. Entre más de 1.300 tangos, valses y milongas se destacan: “Al mundo le falta un tornillo”, “Tres esquinas”, “Almita herida”, “Muñeca brava”, “Che papusa, oí” “Por la vuelta”, “Copas, amigos y besos”, “Dolor milonguero”, “Palais de Glace”, “El cantor de Buenos Aires”, “Se llamaba Eduardo Arolas”, “Santa Milonguita”, “Nieblas del Riachuelo”, “Mi madrigal”, “Anclao en París”, “Nunca tuvo novio”, “La casita de mis viejos”, “Nostalgias”, “Los mareados”, y “El cuarteador”, entre otros.
Particularmente, el tango “Los mareados”, que constituye un verdadero desafío para orquestas y cantores, puede bien atribuirse a una mística fusión de su propio talento con el del recordado pianista Juan Carlos Cobián, quien había compuesto “Los dopados” para una obra teatral que llevaba ese mismo nombre, con letra de Raúl Doblas y Alberto Weisbach.
Relata Cadícamo en sus memorias, que un día Troilo llegó muy entusiasmado a su departamento trayendo una vieja grabación de Fresedo de “Los dopados”, creyendo que era una pieza sólo instrumental, y le pidió que escriba una letra. Ambos ignoraban que este tango ya tenía una. A diferencia de la versión original en que la primera parte musical funcionaba como introducción sin canto, la letra de Cadícamo ocupa las tres partes diferentes de la obra de Cobián en un acople tan perfecto que se reproduce la simbiosis de Nostalgias del año 1936. Mientras que Aníbal Troilo luego de aportar algunos arreglos, lo llevó al éxito con la voz de Francisco Fiorentino, en el cabaret Tibidabo en 1942.
Al año siguiente la censura impuesta por el entusiasmo moralista del gobierno militar del ’43 obligó a suprimir el lenguaje lunfardo, como así también cualquier referencia a la embriaguez o expresiones que en forma arbitraria eran consideradas inmorales o negativas para el idioma. Esta disposición desvirtuaba las letras y. Cadícamo se vio obligado a escribir una nueva: “En mi pasado”, modificando las dos primeras partes y reproduciendo la tercera. Así, sobre el común denominador de la música de Juan Carlos Cobián se escribieron tres letras que le impusieron tres nombres: Los dopados, Los mareados y En mi pasado.
Por fin “Los mareados” resurgió en su forma auténtica en el año 1949. Ocurrió cuando los poetas y músicos que trataban de sobrellevar esa situación insostenible de la censura, solicitaron una entrevista al presidente de la nación, por entonces el general Juan Perón. La audiencia fue concedida el 25 de marzo de 1949. Encabezada por Homero Manzi, la delegación estaba integrada, entre otros, por Francisco Canaro, Aníbal Troilo, José Razzano, Charlo, Enrique Cadícamo, Alberto Vaccarezza y Lito Boyardo.
Perón los saludó y dirigiéndose a Vaccarezza le preguntó: «¿Cómo está, don Alberto? ¿Es cierto que lo afanaron en un bondi?». La prohibición quedó levantada con esta simple expresión del presidente. No hacía falta nada más. Ni leyes ni decretos. A partir de entonces “Los mareados” retornó a la auténtica versión de Cadícamo que se inscribe entre las más hermosos obras del género.
Así, junto con el siglo, se apagó la vida del gran maestro del lunfardo. Fue un 3 de diciembre de 1999.