Aquí finaliza el horario de protección al menor

(Edición 104) Es difícil escribir sobre los medios masivos y el rol que tuvieron en el asesinato de Candela. En primera instancia se me acusará de correr el foco del problema, o se me reprochará ir en contra de quienes se explayaron televisando todas las hipótesis (y ficciones) posibles sobre el caso sin resignar, nunca, su interés por conseguir el fin inconfesable. Espero que podamos decir que todos buscaban informar sobre el caso Candela, que ese era el fin… ¿y los medios? Supongamos que también.

Por: Luciano Gangoni

Los medios rodeando la casa de Candela

 

 

 

 

 

 

 

 

Mostrar la foto de Candela desde el primer momento fue un craso error. Cristina Fernández, La directora del Registro Nacional de Personas Menores Extraviadas aseguró que “la difusión de fotos debe ser muy cuidadosa y reservada a las vías eficaces. Los casos casi nunca se esclarecen por la difusión de una imagen (…) además no se instala una problemática sanamente cuando se vulneran los derechos de los chicos y cuando no se tiene en cuenta que, si por suerte los encontramos, quedarán marcados públicamente para toda su vida. Está claro que en el caso de Candela la difusión de la foto no iba a lograr que nadie la encontrara. En cambio –y esto lo digo hipotéticamente porque los investigadores deberán establecerlo–, podía contribuir a su muerte si no se trataba de una nena que se fue de su casa. Es mejor trabajar seriamente”.

Esto tendría que haber sido como el juego de niños, el Antón Pirulero, en el que “cada cual atienda su juego”. Pero los medios se corrieron de ese rol de informadores para atender otros juegos, y convertirse en: fiscales, investigadores, peritos, especialistas. Divulgaron un audio fundamental para el caso al que no habían tenido acceso los investigadores. No se escuden aquellos detrás de la libertad de prensa, acuérdense que por el fin (¿encontrar a Candela o superar en rating al adversario?) deberían haber esperado a que los especialistas los escucharan. “Esa grabación es un elemento de prueba, que tiene que estar en el expediente bajo reserva. ¿Usted le va dar un handicap? ¿Una ventaja a los delincuentes para que sepan qué cosas maneja la policía, qué conversaciones grabó? Eso es una cosa que no está bien: nunca debió haber trascendido en los medios y la escuché hasta el cansancio” aseguró el Penalista y ex Ministro de Seguridad León Arslanián.

Otro de los puntos fue el grado ficcional con el que se trató la noticia. Asegurar teorías, inventar historias, y exponer aún más a la niña. ¿Se acuerdan de los horarios de protección al menor? Chiche Gelblung (en Radio Mitre), aseguró que “la levantaron para violarla” (quizás sin darse cuenta de que él mismo estaba violando algunos códigos explícitos e implícitos acerca de la relación entre niños y medios). “La expresión culpabiliza de modo oblicuo y ruin a la víctima” polemiza Mario Wainfeld y más: “Hay límites que nadie debe transgredir, menos que nadie quien cobra por informar o comunicar”.

Ahí volvemos al fin y a los medios. “El fin no puede justificar los medios, -dice Huxley- por la sencilla y clara razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos”. Ahora ¿si el fin no justifica los medios… entonces qué? La pregunta es errónea. No importa cómo justificar los medios, lo que importa es el fin, así que ¿cuál es el fin? En ese “cobran por informar” se encuentra la cifra de una realidad macabra. El fin de los medios debería ser informar sobre Candela, pero parece que esto no se dio así. El fin de los medios fue aumentar su audiencia, su rating, y por consiguiente sus “auspiciantes”.

La comunicación se dio como una mercancía, no como un derecho de la ciudadanía. La televisación en vivo de los allanamientos casa por casa en la villa La Esperanza, partido de San Martín, “Se hizo con todos los canales de televisión transmitiendo en cadena, de modo que si la niña hubiera estado ahí con sus captores en alguna de esas casas, algo que uno no puede saber, esto pudo haber precipitado una tragedia porque los delincuentes estaban mirando por televisión qué cosa estaban haciendo los policías públicamente” volvió a criticar Leon Arslanián.

Como escribió predicativamente hace décadas Raúl Scalabrini Ortiz: “Un crimen, un robo, un asalto, un adulterio con homicidio son sucesos sin repercusión social, despreciables y previstos en el equilibrio colectivo. El delito mayor es darles una divulgación indebida, repartirlos por todos los ámbitos, redactados por plumas expertas en sensacionalismo, bajo títulos pomposos, como si se quisiera que todos los hombres tomaran por modelos las fechorías que relatan. Más delito que el delito es la publicidad morbosa del delito”. La idea de vender, de cobrar, de aumentar el rating, tiene que ver (más que con la comunicación) con el Marketing, con esa publicidad morbosa que hacen los medios de comunicación para aumentar sus patrimonios.