Alberto Valera “Poeta de la memoria”

Alberto Valera, el sociólogo y escritor platense, recibió a La Provincia Hoy en su cálida casita cerca del Estadio Único en la zona norte platense.

Alberto valera

Este hombre de gran porte y una mirada vivaz, testigo privilegiado de la historia reciente argentina, ha hecho un largo camino de lucha, sueños y pérdidas. Nació en las postrimerías del año ’52, cuando el país todavía no había salido del estupor de la muerte de Evita y estaba envuelto en una gran tristeza. Como un ingrediente más de aquellos años atroces su padre era un preso político por su militancia combativa.

Corrían los años ’70 cuando en chile llegó al poder Salvador Allende, un socialista que llegó al poder en forma democrática, en una experiencia inédita para América Latina. Alberto viajó al país trasandino para ver de cerca lo que allí pasaba.  “Era un gobierno democrático que defendió al pueblo, a los de abajo. Creo que lo mataron en todo el sentido de la palabra, por los ideales que defendía. Sin embargo esos ideales siguen presentes. Soy de los comunistas que piensan que la revolución socialista se hace con las mayorías nacionales, democrática y pacíficamente”, dice Alberto al pensar en aquella experiencia.

A su vuelta el país estaba en llamas, comenzaba el terrorismo de Estado. La derecha armada atacó la casa de los Valera ubicada en la calle 16 y 49 de La Plata. Su fachada aún conserva sordos vestigios del criminal atentado. El 24 de marzo del ’76, el mismo día del más siniestro golpe que se recuerde, su madre Guillermina Laterrade fue secuestrada y  permaneció 10 días en la comisaría 9° de la ciudad. Ocho meses después, en noviembre, también secuestran a  su padre Baldomero, un abogado laboralista de raíces comunistas que aún hoy se encuentra desaparecido.

Un año después, cuando la situación ya era insoportable, Alberto decide exiliarse en Barcelona, allí con otros argentinos fundó COSOFAM (Comisión de solidaridad familiares y víctimas de la represión). Varios periódicos  españoles se hicieron eco de sus  denuncias contra la dictadura y el reclamo por la aparición y juicio justo para su padre.

Estando en España, en 1978, secuestran a su hermana Patricia, quien vivía en Mar del Plata. Ese hecho convierte a su madre Guillermina, hoy declarada ciudadana ilustre de La Plata, en una integrante más de “Madres de Plaza de mayo”. La vuelta a la democracia significó un gran cambio para Alberto, pudo retornar al país gracias a los oficios de su otra hermana Cecilia, “la gordita” como él cariñosamente la llama.

A su  vuelta al país, abraza una nueva profesión, se lanza a escribir, porque según sus palabras prefiere “no ser olvido”, y porque “no quiero que la reseca muerte me encuentre vació y solo sin haber hecho lo suficiente”, parafrasea a León Gieco. En sus poemas, conviven datos del pasado, con cotidianeidades de ayer y hoy y un mensaje esperanzador.

Su obra es muy prolífica. Hacia 1994 publicó su primer libro “Filce, Poemas de un sobreviviente”, declarado de “Interés Municipal”, por el Concejo Deliberante de La Plata. Un año más tarde se graduó como Sociólogo en la UBA.  Al año siguiente publicó “Bazar X”, un libro donde cuenta la fantástica historia, como en aquel comercio platense mientras se armaba el pesebre para navidad,  en sus sótanos se escondía y protegía a gente que era buscada por la tenebrosa mano de la dictadura y que los dueños y empleados se jugaban la vida para “guardarlos”. Posteriormente escribió     “Historia de vida de Jaime Glüzmann”.  En 2009, publicó “Páginas Amarillas”, el que fue declarado de “Interés Provincial”, por la H. C de Senadores de la provincia de Buenos Aires. Coincidentemente, ese mismo año la Universidad Nacional de La Plata, premió todo su poemario. Le sigue “Herrería de escultura”, dedicado especialmente a las “Madres de Plaza de Mayo” y a la incansablemente buscada  Clara Anahi Mariani. En “Mis queridos amigos”, con prólogo de Chicha Mariani, sus poemas  se centran  en aquellos seres que compartieron con él esa larga noche.

Mientras que “Betty al mañanas”, cuya tapa está ilustrada por el genial artista plástico platense conocido como Rocambole, “un ser desprendido y abierto”, según sus palabras, está consagrado a Betty Muller, su compañera inseparable desde hace 25 años, quien  también fue victima de la represión, allá por las navidades del año ’75 en la localidad de Tres Arroyos, y cuya tortura  la acompaña siempre en su miedo cotidiano.

Hoy Alberto escribe todos los días, quizás su alma esté cansada y ajada de tanto sufrimiento, sin embargo él junto a Betty cree que “el amor es lo único que cura todas las heridas”.